Economía post-transicional de una sociedad transicional

Post por Rodrigo Figueroa

La economía post-transición es y debería ser un objeto de estudio. Desde el caso MOP-GATE es reconocible una frontera entre las instituciones de la vida económica de la transición a la democracia y estas que son parte de una realidad económica post-transición. La diferencia es visible en diversos niveles. A través de las instituciones, las semánticas, los agentes, y la evolución de los desempeños económicos reconocemos la constitución de un campo económico novedoso. Lo es, entre otras cosas, porque hay una clara distinción entre Estado y mercado, producida por acuerdos políticos y económicos a fines de los 90 y comienzo de la década que termina, que gozan de una amplia legitimidad y sus códigos cubren parte importante de las experiencias prácticas de la sociedad chilena.

Los agentes dominantes de la economía post-transicional no cuestionan el rol del mercado como mecanismo de coordinación social y aun más han generado un acuerdo general sobre modernización del Estado. Tal acuerdo ha cristalizado la frontera entre mercado y Estado, y posibilitado entonces la producción del campo económico post-transición. El resultado de este proceso ha sido la generación de nuevos contornos y contenidos en la relación entre economía y sociedad. El impacto de este proceso es múltiple. En efecto, se deja ver a través del tratamiento de la pobreza, la forma de enfrentar y codificar la desigualdad. En síntesis ha definido procesos y hechos en los tres niveles de construcción societal, aquel de las estructuras, en el ámbito de las conductas económicas, y los vínculos entre instituciones y agentes.

En términos estructurales el hecho más relevante es la transformación de principios técnicos, tales como aquel del superávit estructural, en principios normativos de la sociedad y la vida económica. En efecto, tal norma técnica de la economía ha devenido en un criterio normativo para estimar lo bueno y lo malo, lo normal y lo patológico en la sociedad. Y en esta dirección, los dos últimos gobiernos de la concertación han sido los más “eficientes” en transformar esta norma técnica en una norma social. En efecto, cada uno de los presupuestos de la nación fue codificado bajo la lógica de esta norma y cuyo principal resultado fue la total marginación de los principios políticos – fenómeno traducible a través de la tesis de Habermas acerca de ciencia y técnica devenida en ideología. La economía post-transicional tiene esta identidad y se proyecta al conjunto de la sociedad.

Las reformas a instituciones económicas, tales como mercados laborales o de la seguridad social, son  buenos ejemplos de la forma en que operado esta norma social. La reforma de la seguridad social y la reforma a los mercados laborales, especialmente aquella que tuvo lugar con la ley de subcontratación evidencian los límites e identidad macro-estructural de la economía post-transicional. Por un lado, la reforma de la seguridad social acota las medidas universalistas y reafirma los principios de la unicidad del sistema, su obligatoriedad y carácter privado. Por el otro, la ley de subcontratación ha quedado truncada en la medida que la distinción entre Estado y mercado, ya legitimada en la reciente década, ha operado para proteger el principio de libertad de empresa y la abstracta definición de empresa que yace en la constitución. Si se observa en los procesos de discusión parlamentaria para ambas reformas, podemos observar la legitimidad de los principios de la economía post-transición y al mismo tiempo la centralidad de los principios técnicos devenidos en norma social.

A nivel de las relaciones entre instituciones emergen hechos de todo interés analítico. Sin duda que uno de los fenómenos que denota esta condición es la privatización del riesgo. Tal hecho, traducido en la experiencia reciente del sistema de pensiones,  una experiencia no solo es teórica sino que ahora material en plenitud, ha implicado la reorganización de relación entre experiencias de la vida económica y sustentabilidad de las trayectorias de individuos y familias. En términos analíticos esta es quizás una de las experiencias más radicales de la economía post-transicional. Lo es por dos razones, al menos. Primero, porque reconstruye el vinculo de individuos, familias, organizaciones sociales y asociaciones con las instituciones que traducen materialmente las estructuras de oportunidad. Por ejemplo, es interesante que en la última década, en los servicios públicos, la semántica del ciudadano y los objetivos políticos fuera reemplazada por aquella de los clientes y los productos. También es interesante como los sistemas de financiamiento han codificado y ampliado la experiencia del crédito y sus productos. En efecto las segmentaciones de clientes y nichos de mercado se han fragmentado y al mismo tiempo se han redefinido las condiciones del riesgo, lo cual ha producido un novedoso lenguaje de la vida económica, un particular simbolismo de esta experiencia y por último la redefinición de la estructuración de las actividades económicas. Segundo, la privatización del riesgo como experiencia total resulta ser al mismo tiempo una redefinición de las trayectorias de la vida. En efecto no es solo en lo económico o lo laboral donde esto se expresa, sino también emerge en la experiencia de la maternidad, en la estructuración de los acuerdos matrimoniales, en las elecciones acerca de la educación y la construcción de un portfolio de inversiones: un hecho extendido en la población, incluso entre los más pobres si es que vemos el contendido de los programas de emprendimiento para pobres. En fin una experiencia total.

A nivel de los agentes las transformaciones son aun mas sustantivas. Sin que poseamos un volumen importante de investigaciones en este ámbito, podemos reconocer la expansión de semánticas en donde son centrales el mercado, el dinero, la banca, la bolsa, las acciones, los fondos mutuos, las carteras internacionales. Al mismo tiempos estas semánticas son visibles a través de prácticas económicas con sus propios procesos de socialización .Por ejemplo, la interacción de las clases medias con sus ejecutivos de bancos es ya en si un hecho sociológico cuyo contenidos resulta necesario de observar en plenitud. En efecto, la interacción denota lenguajes y habilidades novedosas. Al mismo tiempo coloca la dimensión de lo económico en escalas de tiempo que la clase media solo había asociado para sus trayectorias laborales y las inversiones inmobiliarias. Ahora debe dimensionar la temporalidad de lo económico cuando define sus “inversiones” en fondos mutuos, cuenta dos, fondos de pensiones, inversiones bursátiles, etc. Al mismo tiempo, el consumo de información sobre lo económico se dirige a otros aspectos. Por ejemplo, familias de clases medias que deciden invertir en fondos mutuos deben escuchar una larga lista de antecedentes de países como China e India, lo cual además define otro actor, el ejecutivo o ejecutiva de inversión que a esta altura del proceso ya ha devenido en analista político y experto en relaciones internacionales. No cabe duda una economía post-transicional.

Tenemos entonces la constitución de un campo económico con realidades materiales, simbólicas e institucionales novedosas. El mismo parece definir un campo de observación para la sociología económica. Lo que al mismo tiempo debería repercutir en las estrategias teóricas y metodológicas para la observación de este campo. La reconstrucción de estos procesos amerita el desarrollo de investigaciones que reconozca un campo que se aleja de las formas que lo estructuraron en el periodo transicional de la economía chilena post dictadura. Al mismo tiempo, tal hecho interactúa con lo político en donde las semánticas post-transicionales no son claras aun. Finalmente, la economía post-transicional denota una relación entre economía y sociedad con productos novedosos que emergen como consecuencia de su reorganización. Es justamente esto lo que resulta atractivo para el desarrollo de la sociología económica.

PD= De las desigualdades y continuidades en la economía post-transicional hablamos en el próximo post.

 

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Comments

  • joseossandon  On October 12, 2010 at 6:49 pm

    Hola Rodrigo. Según entiendo tu argumento es que es posible identificar un cambio “post-transicional” en la relación economía/otras instituciones, lo que cómo hipótesis suena muy bien. Lo que no me queda muy claro es donde estaría el cambio respecto a la situación anterior, pues, privatización del riesgo, énfasis de “medidas” técnicas para soluciones políticas, etc, podrían ser asociadas con la “neoliberalización” de modo más general, ¿no?, saludos.

    • Rodrigo  On October 12, 2010 at 7:52 pm

      Exactamente, como tu dices, se puede asociar de modo mas general. Sin embargo sus semanticas son aprehensibles de modo critico y a la vez en su condicion material solo en la ultima decada. En los noventa ni siquiera es sematizada o problematizada la experiencias de las pensiones e incluso el problema de las isapres solo es cuestionado en funcion de la discusion sobre el cheque en urgencia. Sin embargo en la reciente decada una vez que ha sido cristalizada la relacion entre estado y mercado, la privatizacion del reisgo se vuleve una experiencia total. Digo entonces que esto es la evidencia de un cambio en las bases insitucionales y simbolicas de la expericia asociada a la vida economica. Lo que uno puede llamar ragos generales del neoliberalismo hoy puede ser descrito no solo como una rasgo general sino como un procesos estructurante de la totalidad societal. esta experiencia es extendidad y ya no solo referida a los sistemas de pensiones, isapres o mercados laborales

  • joseossandon  On October 12, 2010 at 8:33 pm

    Entonces, el cambio sería, a tu juicio, ¿que recién en la última década el neo-liberalismo, se transforma en una experiencia total? Entonces, ¿cual sería la diferencia entre lo que sugieres y los diagnósticos épocales de fines de los 90s – tipo Moulian o el famoso informe del PNUD 1998- que enfatizaban la extensión de la privatización del riesgo y del crédito de consumo? No entiendo si sugieres si la última década correspondería a una radicalización (del tipo aumento de comoditización) o se caracterizaría por la emergencia de nuevas formas de crítica (por ejemplo: discusión sobre sueldo ético, sub-contratación, auge o pensiones).

  • felipegonzaleztkd  On October 15, 2010 at 3:10 pm

    Hola Rodrigo, sin duda un interesante post!
    Quería comentar que me parece central como agenda de investigación rastrear esta totalización del contexto post-transicional de la economía en el vínculo entre subjetividades y orden. Por ejemplo, creo que la crisis de representación política –que ha orientado la atención de los cientistas políticos hacia los enclaves autoritarios en la constitución y los imaginarios- no puede entenderse sin comprender la totalidad de esta experiencia. En el caso de la política se me hace evidente que las semánticas post-transicionales de la democracia han transitado hacia una figura que emula las del mercado: el énfasis en los elementos procedimentales (en detrimento de los sustantivos de la democracia), la desaparición de las agencias colectivas (el pueblo) y la construcción del ciudadano como agente (mónada) racional que es capaz de elegir en el mercado político, la fragmentación de los movimientos sociales, la importancia del marketing político (gobiernos de encuestas) o la indiferencia de los jóvenes para quienes sus construcciones biográficas no encuentran referentes de sentido en el espacio público, sino en el espacio privado y el consumo. Un fenómeno con un fuerte énfasis generacional (quizás esto traza un límite más claro en el concepto post-transición), que ha dejado entrever el desconcierto de las élites políticas de la transición. Estas no han podido, entre otras cosas, generar un relato coherente para explicar la derrota de la concertación, articular un discurso político que aglutine sentidos fragmentados y convertirse en conductores de procesos sociales, porque no han sabido hacer esta lectura que el PNUD ya había esbozado bien en el 98´. Para algunos quizás esto sea parte de los procesos de diferenciación de nuestra sociedad, pero me da la impresión que la modernización chilena más bien trata de esta totalización de la experiencia del neo-liberalismo, para lo cual la política constituye hoy un foco de análisis interesante.
    Saludos

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