Harold Garfinkel (1917-2011)

Hace unos días murió el genial sociólogo norteamericano Harold Garfinkel, famoso por haber inventado la etnometodología y por sus brillantes (y algo bizarros) experimentos micro-sociales. Escuché por primera vez hablar de Garfinkel en las clases de Emilio De Ípola en la Universidad de Buenos Aires. De Ipola se quejaba de que el trabajo de Garfinkel no había sido traducido al español y que por eso no se lo conocía tanto como merecía. Tenía razón hasta donde yo sé, aunque por suerte su Studies in Ethnomethodology, publicado en 1967, fue finalmente traducido por Anthropos en 2006. Las clases sobre Garfinkel me quedaron grabadas en la memoria. De Ípola decía que le hubiera encantado ser su estudiante  y hacer la tarea para el hogar que Garfinkel le encargaba a los estudiantes: ir a casa, hacer de cuenta que eran desconocidos para sus familiares y conducirse formalmente; o pedir explicaciones por cada detalle que no fuera evidente, “olvidándose” de todas las cosas que uno ya debe saber para poder entender cualquier conversación o interacción social. El ejemplo que más recuerdo de esas clases es el de los pobres estudiantes de Garfinkel regateando en restaurantes finos (estos ejemplos se pueden encontrar en el segundo capítulo de Studies in Ethnomethodology o en el artículo original de 1964). Lo gracioso es que, más allá de alguna situación incómoda en el restaurante, los alumnos varias veces conseguían el descuento. Me quedé con un recuerdo de Garfinkel más que nada como un sociólogo divertido y osado, que se animaba a probar su teoría incomodando a la gente (particularmente a sus estudiantes). Y como alguien que marcaba dramáticamente la importancia del conocimiento tácito y compartido en la vida social.

Pude leer a Garfinkel varios años después y encontré que obviamente era algo más que un sociólogo un poco extravagante. Por supuesto, esa extravagancia era una parte importante de su teoría, pero era necesaria para concretar un desafío radical a la sociología funcionalista que aún reinaba en los años 50’ y 60’. Para Garfinkel, la sociología había equivocado el camino, eligiendo competir con los actores sociales para proveer explicaciones que los redujeran a judgmental dopes, agentes que en el fondo ignoraban la realidad que los rodeaba. Lo extravagante no eran tanto sus breaching experiments sino los conceptos que la sociología había creado, y que se alejaban cada vez más de la experiencia concreta de los actores sociales. Garfinkel propuso que era mejor tratar de comprender los métodos que los propios actores usaban para conducirse en su vida cotidiana. En vez de empezar por refutar los relatos (accounts) de los actores, aliémonos a ellos. Tan diferente era lo que proponía Garfinkel, que hasta el nombre de la disciplina era distinto (etnometodología). Detrás de esos incómodos experimentos (para Garfinkel casi el único modo de verdaderamente entender lo social) se encontraba una epistemología radical, que cuestionaba buena parte del proyecto dominante de la sociología. Mientras el funcionalismo veía lo social como un material robusto e indivisible, en buena medida independiente de los agentes sociales, la etnometodología demostraba la fragilidad de lo social con mayor dramatismo aún que la fenomenología y el interaccionismo simbólico. Con un simple experimento escolar, una interacción cotidiana que no parecía problemática podía desplomarse de inmediato, dando lugar a un arduo trabajo por parte de los agentes para repararla. En vez de algo ya-construido y que sobrevive a pesar de los individuos, lo social para Garfinkel es casi una hazaña que ocurre a cada momento.

La etnometodología siguió fiel a esa actitud desafiante (y a la vez epistemológicamente demandante, ya que los métodos tradicionales, tanto cuantitativos como cualitativos, no convencían a los etnometodólogos). Tanto es así que su impacto directo en la sociología se fue diluyendo y con el correr de los años se la vio cada vez más como una especie de culto extraño, casi un nihilismo sociológico. Pero indirectamente las ideas de Garfinkel se filtraron en mucho del trabajo actual sobre ciencia y sobre economía. Primero, porque mucha de la investigación inspirada en Garfinkel pasó a ser sobre el proceso de investigación científica en sí. El laboratorio se convirtió en un lugar central para los etnometodólogos, la cocina del conocimiento que ya no podía descartarse. El laboratorio es un lugar en el que se construye lo social, no en el sentido figurado del construccionismo social, sino en sentido literal: un lugar en el que los agentes ensamblan lo que más tarde llamamos social. Los investigadores de lo que luego se llamó la teoría de actor-red alcanzaron un hallazgo teórico similar después de años observando lo que pasaba en laboratorios y talleres. La teoría de actor-red comparte con Garfinkel una actitud de sospecha ante lo social como algo ya-construido, y se propone en cambio reconstruir el delicado y arduo trabajo de esa construcción. El mismo Bruno Latour coloca a Garfinkel como uno de los pocos antecedentes de su perspectiva. La pregunta es la misma: cómo se construye lo social, y cómo se estabiliza la vida social sin recurrir al atajo de entender ‘lo social’ como una fuerza autónoma que explica en vez de ser explicada. Pero Latour fue más allá: la etnometodología no terminó de encontrar una respuesta que le convenciera porque, al igual que la sociología, pasó por alto a los actores no-humanos que los humanos reclutan para estabilizar lo social.

Muchas veces mis alumnos me preguntan si en serio creo que los experimentos de ruptura de Garfinkel son la única manera de conocer lo social, o si realmente me creo que los objetos tienen capacidad de actuar (agency). Mi respuesta es siempre la misma: se puede comprar el paquete entero de la etnometodología o de la teoría de actor-red, pero si el paquete entero no te convence, hay algo en lo que coinciden y que ya es imposible de soslayar: ambas teorías ven los procesos sociales como logros que deben ser explicados usando las acciones de agentes concretos; ambas teorías sospechan de las explicaciones sociológicas que se saltean las explicaciones (accounts) de los actores; para ambas teorías, el trabajo del sociólogo es reconstruir lo social. Esta actitud es para mí el principal legado de Garfinkel, un legado que va más allá del andamiaje teórico que dejó, y que obliga a otras teorías a dar una respuesta razonable al desafío. Aunque a través de un camino sinuoso que pasa por la teoría de actor-red, la renovación de los estudios de la economía en los últimos años le debe mucho al desafío lanzado por Harold Garfinkel en los años 60’.

Daniel Fridman

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Comments

  • Juan Felipe Espinosa  On May 9, 2011 at 3:49 am

    Se agradece el post! Me he enterado de la muerte de Garfinkel por una comunicacion con Lucy Suchman un par de semanas despues del suceso.
    Efectivamente, los estudios de la ciencia y tecnologia estan profundamente relacionados con el programa de la etnometodologia. Michael Lynch es un claro exponente de ello!

  • martin  On May 9, 2011 at 5:11 am

    Gracias Daniel por ese homenaje a Garfinkel.

    Tres comentarios complementarios:

    1. Al contrario de lo que muchas veces se cree, Garfinkel fue formado con Talcott Parsons en Harvard, y aunque parezca paradójico es imposible comprender al fundador de la etnometodología sin pasar por uno de los padres del funcionalismo. Aunque después a Garfinkel nunca le acomodo las respuestas de Parsons al problema de la creación y mantención del orden social (de ahí su formula clásica de que las personas no son “idiotas culturales” que interiorizan las normas sociales, desprovistas de capacidades de critica).

    2. Garfinkel fue uno de los principales pioneros en la nueva antropología de la ciencia. Más aún, la famosa etnografía en un laboratorio de Californiano de Latour y Woolgar fue realizada ni más ni menos que con la supervisión de Garfinkel!

    3. Recomiendo leer el caso Agnes que hizo en los años 60 Garfinkel. Es la historia de una secretaria de 19 años que vive como una injusticia insoportable el haber nacido con anatomía de hombre.

  • joseossandon  On May 9, 2011 at 5:37 am

    Muy buena reseña Daniel, y sin duda un gran sociólogo Garfinkel. Yo también lo incluyo en mis clases de teoría y creo que sus “estudios” son el único texto que son muy divertidos en clases y luego para nada fácil de leer. Quizás por lo mismo se transformó en una lectura más frecuente en Europa, más acostumbrados a descifrar textos oscuros, y donde además la fenomenología resultó tan influyente. De hecho mi impresión es que además de los STS, Garfinkel fue muy influyente en el giro a las prácticas de autores como Giddens y Bourdieu en los 70s, y más tarde en el trabajo de Boltanski y todo eso de la producción de las categorías sociales. Me acuerdo también de una presentación de F. Muniesa hace unos años en goldsmiths, donde usaba la idea de los experimentos de ruptura para entender la relación entre la economía y sus críticas (http://bit.ly/kxGwOs). Y, ya que lo mencionas, quizás hay una pista interesante en esos experimentos sobre los precios para los estudios de la economía. saludos!

  • Daniel Fridman  On May 9, 2011 at 2:21 pm

    Hola, gracias por los comentarios!
    Martin, es cierto, Garfinkel es uno de los grandes ejemplos de estudiante que escribe tesis pegándole al advisor. No hay muchos casos de valientes, sobre todo tratándose de alguien como Parsons en 1952.

    No sabía que el contacto había sido taaaan directo, Latour y Woolgar dirigidos por Garfinkel!

    El capítulo de Agnes es realmente muy recomendable, y se lee como una historia de misterio. Emocionante. Es algo así como un excelente estudio de género antes de que nacieran los ‘estudios de género’ conocidos como tales. Trato de asignarlo en mis clases para volver a leerlo.

  • martin  On May 9, 2011 at 4:59 pm

    A propósito de intrincada lectura de los textos de Garfinkel, cuentan que tenía un problemas cada vez que tenía que ponerse a escribir, y por eso siempre optó por hacer libros compilatorios de artículos antes que grandes tratados. Lo de los experimentos es claramente una herencia pragmatista, ese gusto por las situaciones indeterminadas…
    saludos

  • joseossandon  On May 10, 2011 at 4:48 am

    Martin una pregunta, dices que Garfinkel puede ser directamente conectado con el pragmatismo? (si tuviera que hacer un diagrama con las influencias intelectuales que podría conectar con su trabajo, mencionaría a: (-)Parsons; A. Schutz; los juegos del lenguaje de Wittgenstein; y la idea de index de Peirce). Tu impresión es que la influencia del pragmatismo en su trabajo no se límita solo a esto último?

  • martin  On May 16, 2011 at 3:24 am

    Hola José, perdón que te responda sólo ahora pero recién ahora veo tu pregunta. Me parece que si consideras que el trabajo de Garfinkel estuvo fuertemente influenciada por el interaccionismo simbólico de los años 20, con gente como Park, Burgess, W. Thomas, entonces necesariamente vas a encontrar no sólo cruces interesantes entre la etnometodología y el pragmatismo de Mead y Dewey (estos últimos padres del interaccionismo), sino también con el conductismo, muy importante en el trabajo de Mead por ejemplo. La idea pragmastista de que la verdad no existe “fuera” del mundo, y que se crea activamente en la medida que actuamos, esta extremadamente presente en Garfinkel y su énfasis en la acción como unidad de análisis, en la gama de procedimientos con los cuales los miembros le dan sentido a las cosas. De ahí el interés de Garfinkel por los experimentos, una herramienta para hacer visible los métodos que soportan el vivir cotidiano.

  • joseossandon  On May 16, 2011 at 5:23 am

    Suena bien, aunque mi impresión es que no es tan fácil conectar todo el peso “fenomenológico” presente en Garfinkel (y su pregunta por el sentido común, lo que damos por sentado, etc.) con el “pragmatismo”. Pero parece que alguien ya hizo la pega. Acabo de encontar esto, que parece tener todas las respuestas este asunto: http://bit.ly/ipJtj0 slds!

  • Fabian  On May 17, 2011 at 12:12 pm

    Tomo la libertad de recomendar (nuevamente) dos contribuciones utiles de Javier Izquierdo, esta vez sobre Harold Garfinkel (en castellano): “La tercera juventud de Harold Garfinkel” y “Harold el patoso, el pavoroso”.

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