Sociología del conocimiento económico y discusión social

Jurgen Habermas llamo la atención de la comunidad académica al publicar “Ciencia y Técnica como Ideología (Technik und Wissenschaft als Ideologie 1968)”, que señalaba los riesgos de la naturalización del conocimiento científico como forma de anular la discusión social y política en un numero de materias. En el lenguaje de su teoría posterior, el argumento basado científicamente se imponía coercitivamente sobre otros tipos de argumento, impidiendo que los juicios y argumentos se enfrenten por su propio peso, si no por el peso de la autoridad a la que estarían referidos. La cuestión sobre el primado de la tecnocracia sobre la política en América Latina ha sido estudiada para el caso de la economía. Sarah Babb, en su libro “Managing Mexico (2004)” muestra como en México los economistas de tendencia nacionalista o estatista fueron reemplazados por economistas neoliberales, desplazando otras tendencias de todos los centros académicos y generando una casta de especialistas que fundamentados en determinadas publicaciones, escuelas e investigaciones académicas ostentan una voz progresivamente incuestionable en el debate publico. Algo similar ocurrió y sigue ocurriendo en Chile, donde, de acuerdo a Silva “In the name of Reason (2009)”, la tecnocracia formada por economistas genera una especie de muro de contención, que basado en argumentos revestidos de carácter técnico frenan demandas políticas y ciudadanas y conducen las políticas económicas y públicas del estado.

Uno de los méritos de la sociología del conocimiento científico es señalar la condición contingente y nunca desprovista de intereses de toda generación de conocimiento, por muy abstracto y técnicamente orientado que éste parezca. De este modo, el conocimiento económico también es susceptible de ser considerado como objeto de estudio en el contexto de la manera en que este es producido, la manera en que se legitima e institucionaliza en la comunidad científica  y qué intereses hay en juego en estos procesos. Por supuesto, esto no implica desconocer la validez del conocimiento económico, sino ser conscientes de sus límites, de sus alcances y de la condición eminentemente social de su producción, legitimación, difusión y adopción.

No existen aun demasiados estudios sobre la generación y legitimación del conocimiento en Macroeconomía (que vendría a ser el tipo de conocimiento más asociado a la influencia económica en materia política), salvo para el caso de análisis institucionales de las escuelas de Economía y de sus programas de enseñanza, junto con un análisis histórico de lo evolución del pensamiento económico. Más investigación se ha hecho respecto de cómo se han adoptado ciertas fórmulas matemáticas en el área de las finanzas, tanto en un nivel académico como práctico. En el estudio de Donald MacKenzie (“An Engine not a Camera (2006)”) se observa cómo emerge el modelo Black-Scholes en el ámbito de las finanzas, y como se impuso sobre otras fórmulas. Análisis de este tipo han logrado que, sin cuestionar la validez matemática y conceptual de este tipo de modelo, se tome en consideración el rol que jugó en su minuto para el prestigio del estudio de las finanzas en el mundo académico, para la legitimación de la industria financiera, las profesiones en el ámbito financiero y de productos financieros particulares así como sus ventajas practicas sobre otros modelos, y sobre todo, respecto de simplemente no contar con un método para predecir precios futuros en materia de acciones y derivados. Conocer estos elementos permite situar este tipo de abstracciones, elaboraciones conceptuales y matemáticas y herramientas metodológicas en su contexto social, permitiendo una perspectiva más crítica o al menos consiente respecto de los límites y alcances de este tipo de formulaciones.

Sin embargo, este tipo de observación dista mucho de aquello que se puede ver en el ámbito de la administración pública, la opinión pública y las elites políticas. En países como Chile, la opinión de los economistas normalmente está revestida de un carácter dogmático o al menos difícilmente cuestionable amparado en su merito técnico. A través de esa tribuna, los economistas plantean su posición respecto de cada nueva propuesta en materia de reforma legal, políticas públicas o política social. Del mismo modo, reaccionan con velocidad respecto de demandas ciudadanas o expresadas por ciertos grupos políticos menos identificados con el mainstream. En muchas oportunidades esto se expresa en términos bastante alarmantes, donde la evidencia parece indicar que en caso de adoptar determinada medida el país, y en definitiva cada uno de sus miembros, van a sufrir consecuencias de gran magnitud. Por otro lado, posiciones e ideas que se alejen del canon son rápida y categóricamente clasificadas como populistas.

Sin desconocer que la prudencia y consecuente estabilidad macro y microeconómica han sido uno de los principales activos de un país como Chile en los últimos 20 anos, la fidelidad casi extrema con que se siguen los postulados de la ortodoxia económica ha contribuido a generar un escenario en el cual el sistema político  administra el estado en el contexto de un ámbito de maniobra muy reducido y con bastante indiferencia respecto de demandas ciudadanas y de la opinión pública. Este modelo evidencia algunos síntomas de crisis con diversas manifestaciones y parece que en esta oportunidad las distintas esferas debieran reaccionar de manera diferente a como lo han venido haciendo. Los economistas por su parte ya están desplegando sus habituales argumentos respecto de las diversas demandas ciudadanas a través de columnas en los diarios, entrevistas en televisión y otros medios. De este modo, se indica de manera tajante y sin matices por qué es altamente inconveniente hacer una reforma tributaria, discutir el rol del lucro en la educación, tener universidades públicas gratuitas o utilizar los excedentes del cobre.

No es posible saber en qué ni cómo terminarán las manifestaciones que suceden en Chile y otros países. Lo que parece necesario es que su resolución incluya un genuino proceso de diálogo y discusión social, en el que el saber económico represente una voz pero no necesariamente un árbitro.  La forma en que se genera el conocimiento económico, fundamentalmente a través de sus cada vez más complejos métodos y fórmulas matemáticas, hace de la economía una disciplina tremendamente oscura para el lego. Ello contribuye simultáneamente a legitimar la disciplina (tanta complejidad no podría ser en vano) y a clausurar la posibilidad que tienen externos de evaluar críticamente sus postulados. Es entonces que la sociología del conocimiento económico puede contribuir con una mirada que permita situar el saber experto en su propio peso sin desconocer sus mecanismos de legitimación y los intereses que subyacen a sus juicios y planteamientos. Ello contribuiría a que la discusión social que se produce en una situación excepcional como la que vivimos se haga de una manera más equilibrada, sincera y posiblemente más fecunda.

Adicionalmente, hay varias preguntas que la sociología del conocimiento económico podría explorar respecto del origen que tiene el quizás excesivo celo por la ortodoxia económica en cierto tipo de países. Podría estar relacionado con la excesiva concentración de poder en los grupos económicos, con algún trauma histórico producto de crisis económicas anteriores, entre otras opciones. También podría deberse a que existe una separación entre la elite y el resto de la sociedad, de modo que la economía se ha legitimado como discurso en la elite pero cuenta con la indiferencia del resto de la sociedad. Sea como sea, parece una pregunta válida y  que valdría la pena explorar.

Javier Hernández

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Comments

  • joseossandon  On September 13, 2011 at 10:34 am

    Javier totalmente de acuerdo: es necesario explorar el espacio entre Silva y Mackenzie, o el tipo particular de performatividad que se da cuando la economía hace cosas públicas. Eso sí mi impresión es que esto no sólo tiene que ver con macro-economía sino también -y quizás cada vez- más con micro-economía, o todo ese conocimiento aplicado en la construcción y organización de mercados en áreas como la salud, las pensiones, etc. Estos temas esperamos discutir en la mesa que organizamos con D. Fridman y D.Pierides para el Forum de Buenos Aires (http://www.isa-sociology.org/buenos-aires-2012/rc/joint-sessions.php).
    Diría también de que ya hay algunos trabajos que permiten ir algo más allá, como el libro de Marion Fourcade “Economists and Societies”, o más localmente, lo que han hecho el mismo Daniel Fridman o Mariana Heredia sobre el caso Argentina, o algunos de los trabajos incluidos en este libro en Chile http://www.ediciones.udp.cl/colecciones/sociales/notables-tecnocratas.html
    y en el volumen que está editando T. Ariztía a partir de lo discutido en este conferencia: https://estudiosdelaeconomia.wordpress.com/2010/11/04/economistas-en-produciendo-lo-social/ De todas formas estoy totalmente de acuerdo de que hay una gran agenda de investigación y discusión pública pendiente al respecto.

    • Javier Hernandez  On September 13, 2011 at 2:21 pm

      Primero, gracias Jose por la edicion, el articulo quedo mucho mejor asi.

      Segundo, creo que tienes razon, el conocimiento micro economico es muy importante en esta ecuacion, sobre todo como dices en materia de regulacion o desregulacion.

      Tercero, muy buen aporte bibliografico.

      Finalmente, recomiendo seguir las columnas de http://www.latercera.com, en especial aquella de R. Castro. Su formato y semantica expresa claramente a lo que apunta esto.

      Saludos!

  • Juan Felipe Espinosa  On September 13, 2011 at 10:57 am

    Absolutamente de acuerdo con la propuesta de investigación.
    Es interesante ver como desde el lado los colegas economistas comienzan a vislumbrarse algunas posiciones que miran con crítica el resultado de la construcción de comunidades epistémicas (http://www.jstor.org/stable/2706951) mas “duras”. Paul Krugman ha comentado algo interesante en la exposición que ha dado en la Presidential Address de la Eastern Economic Association (http://www.palgrave-ournals.com/eej/journal/v37/n3/full/eej20118a.html)
    Según el autor, sería el caso de la comunidad de los macroeconomistas que estudian modelos de equilibrio general publicando hard” papers — donde dichas publicaciones son aquellas que utilizan preferentemente matemáticas rigurosas y de alta complejidad y dificultad. De esta manera, continua el economista, existiría una tendencia para con el estudio de modelos de equilibrio de ciclo económico como oposición al estudio de modelos “ad hoc” que Krugman considera útiles para el estudio de la macroeconomía. Haciendo la historia corta, la posición del economista es que la presión por conseguir el “tenure” en USA y lo cerrado de esta comunidad con su particular cultura epistémica (https://kops.ub.uni-konstanz.de/xmlui/handle/urn:nbn:de:bsz:352-opus-80582) ha implicado que sucesivas cohortes de economistas olviden conocimiento y logros intelectuales del pasado de la macroeconomía –como serian los modelos Keynesianos simples. Lo más grave, recalca el investigador, es que los modelos de equilibrio ni siquiera han tenido un éxito empírico respecto de los keynesianos.

    Las razones dadas por Krugman muestran un acercamiento a lo que dijera Knorr Cetina sobre los problemas/aspectos que se encuentran inextricablemente entrelazados con la organización de los grupos epistémicos, los que al ser estudiados, permitirían visualizar los complejos y tensamente texturizados procesos que constituyen la cultura epistémica de los macroeconomistas de nuestro país.

  • aldomadariaga  On September 20, 2011 at 12:37 pm

    Estimados, concuerdo en la preocupación disciplinaria en torno al tema, especialmente en lo que tiene que ver con cómo una determinada disciplina se legitima y logra institucionalizarse como “el saber adecuado” para conocer cierto aspecto de la realidad, en este caso la economía. Es interesante además cómo se llega a “secuestrar” ciertos ámbitos como propios o exclusivos. Por ejemplo, me ha llamado la atención que cuando se abren puestos para departamentos de estudios de reparticiones públicas como la super de pensiones entre otros, se solicitan sólo ingenieros comerciales o civil industriales. A través de conocidos sé además que con la actual administración y todo el discurso pro tecnocracia que caracterizó el inicio, muchas reparticiones públicas vivieron un proceso en el que se importaron muchos ingenieros comerciales y el resto de profesionales que trabajaban en estudios fueron relegados a un segundo plano…

    En cualquier caso, más allá de el proceso sociológico involucrado en la conformación de estas comunidades, quisiera relevar el aspecto político detrás del ascenso de estas. Me parece que es en ese proceso donde se puede observar de manera más nítida las consecuencias de dichas construcciones. A ese respecto, y siguiendo la inquietud del artículo de Javier, hay varios textos asociados a dicho proceso en relación al ascenso del keynesianismo, y a su caída en descrédito y auge del monetarismo o neoliberalismo. Entre ellos los de Peter Hall este y este son clásicos, y también muy citado este de Mark Blyth desde una pespectiva polanyiana. Los primeros capítulos de este texto de David Harvey son concisos y muy ilustradores del proceso en diversos países. Un estudio comparativo interesante que incluye Chile, México, Inglaterra y Francia lo ofrecen Fourcade y Babb.

    Saludos!

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  • […] potestad que solemos atribuirles a los economistas. Si bien comparto las reflexiones expresadas por Javier Hernández en su post del 13 de septiembre; en línea con los comentarios de José Ossandon y Juan Felipe Espinosa, propongo que, […]

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