Situando a Zelizer

Manuel Vicuña, editor del segundo libro de la serie que reúne las ponencias presentadas en la Catedra Norbert Lechner de UDP, me ha pedido un breve texto que anteceda y presente el trabajo de Viviana Zelizer. Subo acá el borrador.

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Una manera de introducir a Viviana Zelizer es tratando de ubicar su obra en el contexto de los recientes estudios sociales de la economía[*]. Pero, ¿dónde deberíamos situarla? En su introducción a la segunda edición del Handbook of Economic Sociology, Neil Smelser y Richard Swedberg han etiquetado el trabajo de Zelizer como una “sociología económica cultural”, que introduciría aspectos no considerados por el tipo de análisis hasta ese momento imperante. En una entrevista más reciente, publicada en el European Journal of Social Theory en 2008, Jeffrey Alexander señaló que la creciente influencia del trabajo de esta autora estaría incluso desplazando del centro de la sociología económica a la perspectiva más tradicional, asociada generalmente con la noción de “incrustación” según la formulación de Mark Granovetter.

Esta forma de situar el trabajo de Zelizer es sin duda correcta. Sin embargo, parece demasiado sesgada por el particular contexto de la “Nueva Sociología Económica”, tal como se denominó al resurgimiento de este campo de estudio desde la década de los ochentas en los Estados Unidos. Bajo este prisma, esta sub-disciplina se organizaría entre dos polos metodológicos. Por una parte, sociólogos que utilizan métodos cuantitativos para estudiar aspectos sociales en los que estaría incrustada la acción económica, y, por otra, investigadores más preocupados por re-construir el modo como los agentes interpretan, y con ello construyen, su entorno económico. Entre ambos extremos se ubicarían aquellos estudios que han intentado investigar conjuntamente la interpretación de los actores económicos con las fuerzas sociales más abstractas en las que estos están situados. Ejemplos paradigmáticos de cada una de estas posiciones son: el estudio de Mark Granovetter sobre el papel de los “vínculos débiles” en la búsqueda de empleo, el análisis etnográfico de los agentes financieros de Mitchel Abolafia, y el famoso ensayo sobre el “isomorfismo” en campos organizaciones propuesto por Paul DiMaggio y Walter Powell.

Bajo estos ejes, el trabajo de Zelizer se constituiría en la principal contracara cultural del análisis estructural en la sociología económica. En otras palabras, su sociología permitiría entregar una mirada más rica en detalles y símbolos a la descripción del actor económico desarrollado por el resto de la sociología. Sin embargo, hoy en día parece inadecuado – e incluso injusto – describir la particularidad de este trabajo como un punto en una línea que va de relaciones sociales, o “estructura”, sentido, interpretación, o “cultura”. En efecto, probablemente uno de los aspectos que ha hecho esta obra tan influyente es que efectivamente cuestiona o rebalsa este tipo de clasificaciones. No hay modo más claro de ilustrar este punto que revisando, por supuesto muy brevemente, parte de la extensa obra de Zelizer.

1.      Seguros, dineros e intimidad

El trabajo temprano de Viviana Zelizer es sobre seguros. El tema principal de estos estudios es ¿Cómo es que se valora económicamente la vida? Más específicamente, y principalmente recurriendo al análisis de documentos del siglo XIX en los EEUU, se analiza el modo como el crecimiento de dos productos específicos (el seguro de vida de adultos y el seguro infantil) se enfrentó a fuertes controversias legales y morales relacionadas con el acto cuasi-sacrilegio de otorgarle un valor monetario a un bien que trascendería todo precio: la vida humana. Lo realmente novedoso de estos trabajos es que muestran que finalmente la consolidación de ambos seguros no se sustentó en la negación de esta contradicción, ni en la simple “mercantilización” de la vida. Por el contrario, estos productos fueron publicitados y vendidos como servicios donde, más que valorar aquello que trasciende el dinero, funcionarían como una especie de retorno ritual, como una forma de devolver parte del amor de los queridos. En otras palabras: el seguro en vez de situarse en un lado de la oposición, entre lo que tiene precio o lo que trasciende el valor monetario, se posiciona en el medio. El seguro es un servicio sobre el que se paga una póliza, pero cuyo precio no intenta valorar lo que se está asegurando (“la vida”).

Esta aparente paradoja entre dinero y precio se constituirá en el principal objeto de atención del siguiente trabajo de Zelizer, recientemente traducido al español como “El Significado Social del Dinero”. En este contexto, la autora se interesará principalmente por dos fenómenos. Por una parte, el hecho de que conjuntamente con la consolidación y la expansión de las monedas nacionales – o trasnacionales como el Euro o en cierta medida el Dólar -, han proliferado múltiples modos de dineros de uso específico, desde las gift cards hasta los “vales de almuerzo” emitidos por determinadas instituciones para sus empleados. Y, por otra, como los actores marcan o diferencian el “dinero”, a primera vista estándar, en sus diferentes usos. Así es posible distinguir entre tres diferentes tipos de pagos: “compensación” (cuando se intercambia un objeto de modo directo); cuando se paga el beneficio correspondiente a un derecho sobre determinado bien  (o entitlement); y simplemente cómo regalo. Ambos procesos cuestionan la visión generaliza de que el dinero funcionaría solamente como un vehículo para la expansión de un tipo de cálculo cuantitativo homogenizante, ilustrando, por el contrario, cómo se establecen diferentes tipos de pagos, con sus propias normas y modos de establecimiento de equivalencias y valor.

El estudio de los procesos de diferenciación de tipos de pagos y dineros especiales ha sido profundizado en los artículos sobre lo que Zelizar ha denominado como “circuitos comerciales”. Estos circuitos pueden ser locales (tales como los sistemas de intercambio establecidos en las cárceles o entre vecinos pertenecientes a una ROSCA – o sistema de ahorro rotativo), pero también globales (como en los envíos de remesas o determinados productos financieros). Lo importante, es que en todos ellos es posible observar la consolidación de circuitos específicos, caracterizados por un conjunto de prácticas e información compartida, determinadas obligaciones y derechos, y la utilización de un medio de intercambio particular que, a su vez, establece un borde entre quienes pueden y no pueden participar.

Finalmente, su trabajo más reciente, sobre el que se centró la cátedra presentada en la Universidad Diego Portales, se ha enfocado en las interconexiones entre economía y vida doméstica. Contrariamente a la imagen tradicionalmente defendida por las ciencias sociales, de que la combinación entre dinero y vida íntima implicaría un cruce casi prohibido entre zonas diferenciadas y protegidas de la vida social, Zelizer encuentra que intimidad y dinero están profundamente enredados. Este enredo, sin embargo, estaría lejos también de la imagen propuesta por la economía más ortodoxa, donde se asume la existencia de un tipo de cálculo y equivalencia universal aplicable a toda relación social incluso no monetaria. Por el contrario, lo que Zelizer muestra es que el dinero es parte esencial en la configuración y delimitación de relaciones sociales particulares. Así, por ejemplo, las diferencias de género en el hogar son fuertemente marcadas por los tipos de usos monetarios considerados apropiados para cada caso, o, sólo particulares tipos de pagos son aceptados para retribuir el cuidado de personas en el hogar. Sin embargo, esto no significa que el dinero marque relaciones sociales siempre estables y fáciles de delimitar. De hecho, los actores deben involucrarse continuamente en un arduo “trabajo relacional” con el fin de lidiar con las confusiones producidas en torno a pagos difusos (por ejemplo entre un “regalo romántico” y “pagar por una cita”) y, las muchas veces violentas re-interpretaciones realizadas luego de conflictos asociados a divorcios, herencias u otras formas de compensación.

2.      Fricciones y circuitos: un nuevo método para el estudio de la economía

Al principio sugerí que situar el trabajo de Zelizer como la contracara cultural o simbólica del análisis estructural en la sociología económica no refleja el impacto de su obra. Al revisar parte de su trabajo, queda claro que no basta con asociar sus investigaciones a un enfoque micro-sociológico, histórico o más generalmente interpretativo. El trabajo de Zelizer es tan importante porque, además de todo esto, ha incorporado un nuevo método al análisis social de la economía. Dicho de modo muy sucinto: ha decidido dejar de observar lo “económico” como una particular zona de la vida social, caracterizada por su propia lógica, y, en vez, seguir las tensiones, o fricciones, en los que se despliega la actividad económica. Y esto, a mi juicio, no significa sólo estudiar aquellos espacios particulares de la economía donde estas tensiones sean particularmente visibles, ni menos limitarse al estudio de temas olvidados por la – principalmente masculina – sociología (como la economía doméstica o el impacto de las relaciones de género en los usos monetarios). Implica más bien desarrollar una mirada particular que podrá encontrar este tipo de fricciones simbólicas operando, de modo más o menos intenso, en cualquier área de la economía. En otras palabras, no sólo con los seguros, sino que con muchas otros tipos de bienes – como los “bonos de carbono”, la transferencia de órganos, e incluso los vinos – se procesan cotidianamente mercancías incomparables. Los “circuitos” no se limitan a monedas alternativas o redes informales, sino que también pueden encontrarse en las finanzas o en el arte contemporáneo. Y, finalmente, no sólo en la vida doméstica se distinguen distintos tipos de pagos, sino que también en toda institución debemos diferenciar “sueldos”, “bonos”, “aguinaldos”, y realizar el “trabajo relacional” de mantenerlos separados, y, por supuesto, no confundir “regalos” con “coimas”.

Ciertamente lo recién señalado no significa que el método desarrollado por Zelizer sirva para todo, ni que deba reemplazar a los ya existentes, pero sí que su introducción conlleva importantes ganancias. Cabe mencionar al menos tres. Primero, estudiar “fricciones” en la economía permite dar con nuevas formas de comprender el desarrollo de productos y mercados hasta ahora no muy estudiados, como el caso del seguro de vida en los EEUU (o, más recientemente, la donación de órganos analizado por Kieran Healy en su Last Best Gifts: Altruism and the Market for Human Blood and Organs o el arte estudiado por Olav Velthuis en Talking Prices. Symbolic Meanings of Prices on the Market for Contemporary Art). Segundo, permite identificar una nueva “formación social”, los “circuitos comerciales”, que no es reducible a redes, organizaciones o mercados, al menos en sus respectivas definiciones tradicionales. Y, tercero, a partir del concepto de “trabajo relacional” es posible elaborar una nueva forma de imaginar el actor económico desde la sociología. El actor de Zelizer no sólo está equipado por aspectos no considerados por el homoeconomicus, como su entorno social y simbólico, sino que permite ir más lejos e imaginar un tipo de racionalidad económica totalmente distinta. A saber: la capacidad de distinguir el tipo de pago correspondiente y de lidiar con las ambigüedades o fricciones de los múltiples marcos simbólicos en los que se práctica la economía.

Entonces, si tratamos de ir más allá del mapa de la Nueva Sociología Económica, ¿dónde situar el trabajo de Viviana Zelizer? De un modo específico, creo que es posible emparentar su obra con la de aquellos autores que han intentado elaborar una concepción fuerte de actor sociológico que subraya principalmente la capacidad de lidiar con múltiples marcos y las fricciones que estos generan. Por ejemplo: E. Goffman y su Frame Analyis, On Justification de L. Boltanski y L.Thévenot, y más recientemente D. Stark y su Sense of Dissonance. Y, de un modo general, yo preferiría situarla entre aquellos autores que no sólo nos han permitido complementar o criticar los límites de la economía ortodoxa, sino que entre quienes nos han ayudado a expandir la imaginación de la investigación social de la economía de un modo más amplio, como Michel Callon, Harrison White y Marilyn Strathern.

José Ossandón


* Este texto continúa las discusiones desarrolladas durante las actividades llevadas a cabo por Viviana Zelizer en su visita a la Universidad Diego Portales en 2010 (en particular: la Cátedra que acá se reproduce, un seminario académico y una video entrevista disponible en :http://wp.me/pULlm-91). Con el fin de simplificar el texto no se mencionan acá todas las posibles fuentes bibliográficas de la extensa obra de Zelizer que podrían ser citadas. Un excelente texto de referencia, sin embargo, es el volumen Economic Lives. How Culture Shapes the Economy (2011, Princeton University Press) que reúne los principales artículos académicos publicados hasta ahora por Zelizer. Finalmente, cabe agradecer a Viviana su gran disposición y entusiasmo en cada una de las actividades desarrolladas en Santiago.

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