Escalas, temporalidades y significados del neoliberalismo en la sociología de los economistas

Al menos dos tradiciones distintas parecen haberse abocado en los últimos años al estudio de los economistas y de su singular protagonismo en este último ciclo capitalista. Sus diferencias (y las dificultades para compatibilizarlas) me parecen remitir al modo diverso en que recortan sus escalas y temporalidades de análisis así como a los significados que atribuyen a los expertos y el neoliberalismo.

El neoliberalismo como decálogo y los economistas como elite política

La primera corriente, pionera en América Latina, fue aquella que hizo de los economistas la figura paradigmática de la tecnocracia contemporánea. Pensando en numerosos estudios sobre el tema, se podría concluir que se concentran en dos momentos y dos escenarios distintos. El primer acto analiza el devenir de las comunidades disciplinarias locales; el segundo se centra en la política nacional y en la adopción de las políticas de mercado. Primero, en un ciclo que se despliega a lo largo de varias décadas, el desafío se cifra en reconstruir, para las ciencias económicas de cada país, su relación con las redes internacionales. Los resultados convergen al evidenciar el debilitamiento de las posiciones keynesianas y el fortalecimiento de las teorías neoclásicas. Para estos análisis, la inflexión supone profundas consecuencias. Con una temporalidad más corta e intensa, la cuestión consiste luego en precisar el acceso al espacio público y al poder político de los equipos neoliberales, las coaliciones de gobierno en las que participan y la combinatoria de reformas que contribuyen a adoptar e implementar.

De este modo, a una noción de economista asociada a grandes nombres y homologada al intelectual-tecnócrata, se corresponde una definición de neoliberalismo caracterizada, sobre todo, como un conjunto de iniciativas ideológicas, políticas y gubernamentales destinadas a suprimir las formas estatales de provisión, planificación y regulación de la producción y la circulación de la riqueza. Centeno y Cohen (2011:2) vinculan entonces al neoliberalismo con un tipo de debate técnico sobre el mejor modo de operar una economía, con una crisis institucional que involucra decisiones políticas radicales y con el ascenso de una nueva ideología dominante. Montecinos, Markoff y Alvarez (2009) precisan que el neoliberalismo es un “momento”, caracterizado por la hegemonía norteamericana, por cambios en las políticas públicas bajo el liderazgo de Reagan y Thatcher, con la redirección de la estrategia económica de China y, finalmente, con el desplazamiento de los modelos económicos dominantes.

El neoliberalismo como régimen de gobierno y los economistas como ingenieros en dispositivos

La segunda tradición, de desarrollo más reciente, es aquella que, vinculada con la sociología de la técnica y de los mercados, refiere menos a un recorte por comunidades científicas y por Estados-nacionales que a un análisis centrado en actividades productivas o comerciales. Estos análisis se preocupan menos por las fracturas teóricas de la macroeconomía que por el modo en que distintos protagonistas participan en la conformación y la reproducción de ciertos mercados. Atenta a la especificidad de los objetos/servicios y a sus condiciones de producción y circulación, la geografía de estos análisis tiende a definirse por la escala del negocio y su temporalidad por los mojones políticos pero también normativos y tecnológicos que definen el despliegue de cada actividad. Lejos de los pro-hombres del neoliberalismo nacional e internacional y de las grandes rupturas históricas, algunos de estos trabajos subrayan el novedoso impulso a las privatizaciones y desregulaciones que caracterizan el último ciclo del capitalismo; otros, en cambio, observan más bien cierta continuidad del neoliberalismo con el keynesianismo en su voluntad de racionalización de una esfera (antes nacional ahora global) designada bajo el término economía.

Así, al menos a la hora de recortar el interés por los economistas, esta figura aparece más unificada teóricamente que en la primera tradición pero mucho más plural en términos de ejercicio profesional. La historia de la disciplina parece menos signada por diferencias en los paradigmas que por el modo en que se expanden las áreas de la vida social integradas a la lógica del mercado. Aunque no todos los autores refieran al término y aún menos a una definición explícita, me parece razonable vincular esta segunda tradición a  una definición más micropolítica de neoliberalismo. Por un lado, porque en la medida en que el mismo deja de ser una utopía o un conjunto de prescripciones de política pública, es posible asimilarlo a un nuevo modo de organización inscrito en prácticas e instituciones. Por otro lado, porque la “liberalización” de los mercados supone una redefinición de los dominios sujetos a la voluntad estatal. El neoliberalismo de las sociedades avanzadas remitiría entonces, según algunos autores, a un nuevo “régimen de gobierno” “construido sobre la base de una premisa de libertad, un tipo de libertad regulada que alienta o requiere a los individuos que comparen lo que hicieron, lo que lograron, lo que son y lo que podrían o deberían ser” y que comprende al poder de los expertos más allá de la voluntad emanada de la cúspide del poder estatal (Miller y Rose, 2008:9). La intervención (y el ascendiente) de los economistas bajo el neoliberalismo no se limitaría entonces a la legitimación y la elaboración de las reformas de mercado; sino, a partir de ellas, a participar en un sinnúmero de situaciones en las que se expanden, ajustan y redefinen los sujetos y las arquitecturas del mercado.

Articulaciones & discrepancias

¿Qué tipo de articulación es posible imaginar entre estas dos tradiciones? Una, bastante sencilla sería pensar que la primera propone una historia de las ciencias económicas y del neoliberalismo “por arriba” y la otra “por abajo”. A su vez, esta distinción piramidal podría también corresponderse con cierta concatenación en el tiempo. Primero las vanguardias intelectuales, luego la construcción de poder político, más tarde, la implementación y el ajuste de los dispositivos adoptados. Complejizando un poco más podría decirse que la relación puede invertirse: la resistencia de ciertos países al avance de la tecnocracia y de las políticas neoliberales se torna más difícil cuando la mayoría de los bienes se han vuelto mercancías, que se producen y comercializan a nivel global. También podría argumentarse que las crisis en América Latina y Europa demuestran que las fallas en los dispositivos no suponen necesariamente la resolución experta y que son susceptibles de reabrir controversias y fracturas político-teóricas relativamente aletargadas.

Creo que profundizar en este contrapunto puede ser interesante epistemológica y políticamente. En el primer caso, al menos una de las aristas epistemológicas, refiere al uso de taxonomías generalizadoras en ciencias sociales. En la primera tradición se observa un contrapunto evidente entre expertos y políticos tradicionales, entre racionalización y democracia. El artículo de Centeno (1997) es sin duda la expresión más lograda del modo de construir tipos ideales. En la segunda tradición, me resulta más difícil precisar contrapuntos. Al leer el excelente artículo de Calişkan y Callon (2010), la pregunta que surge es hasta qué punto el “proceso de economización” que tan minuciosamente desagregan puede suponer un “formataje” alternativo. ¿Lo es la provisión y/o las regulaciones públicas? ¿Lo es la lógica natural y social, en todo caso local, que precede el proceso de abstracción y demarcación mercantil? ¿Existen otros modos más o menos generalizables de organizar aquello que la economía relega al estatuto de externalidad? Tal vez, no haga falta aquí acudir a pares categoriales. De hecho, la apelación recurrente a la noción de hibridación pareciera desmerecer este tipo de contrapuntos. Antes que proponer una generalización alternativa a la de los economistas, pareciera correspondernos la tarea de subrayar la pluralidad que separa las nociones abstractas (mercado, capitalismo) de sus expresiones concretas. El giro relativista en las ciencias sociales pareciera efectivamente conducir en este sentido. Me encuentro entre quienes registran esta tendencia con cierta insatisfacción.

En cuanto a las definiciones políticas, aunque la articulación piramidal y secuencial de ambas tradiciones parece razonable a la hora de pensar el gran relato histórico; creo que fracasa a la hora de posicionarse frente la crisis actual y evaluar la redefinición o la subsistencia del neoliberalismo y del poder de los economistas. Por un lado, resulta sugerente que mientras Montecinos et al. (2009) ven agotarse el momento neoliberal, Centeno et. al  (2011) concluyan que no aparecen alternativas a la vista. Si bien la pregunta sobre la vigencia del neoliberalismo parece preocupar menos a la segunda perspectiva, creo que ésta no logra proponer un esquema satisfactorio para comprender las relaciones Norte-Sur (lo cual podríamos asimilar a la geopolítica) en el capitalismo globalizado. Mientras Bockman y Eyal (2002) subrayan el carácter necesariamente heterogéneo pero auténticamente global de las redes neoliberales, dando paso a la idea de una topografía política dislocada de los Estados-Nación, otros autores inscriptos en la misma corriente -como Mitchell (2002) y Elyachar (2005)- dejan trascender, por momentos, miradas monolíticas sobre los actores internacionales en misión y  miserabilistas sobre los laboratorios sobre los que operan.

Como sea, me parece que la comparación y el empalme estas las dos tradiciones, puede abrir interrogantes interesantes para quienes comiencen hoy a preguntarse por los significados y las relaciones entre economistas y neoliberalismo.

Mariana Heredia 

Referencias

Bockman, Johann & Gil, Eyal (2002): “Eastern Europeas a laboratory for economic knowledge: the transnational roots of neoliberalism”, American Journal of sociology, n° 108, pp. 310-352.

Calıskan, Koray & Michel Callon (2010): “Economization, part 2: a research programme for the study of markets”, Economy and Society Vol. 39, nº 1: 1-32.

Centeno, Miguel (1997): “Redefiniendo la tecnocracia”, Desarrollo Económico, vol. 37, n° 146: 215-240.

Centeno, Miguel & Joseph, Cohen (2011): “The arc of neoliberalism” preparado para el Annual Review of Sociology y disponible en http://www.yale.edu/macmillan/transitionstomodernity/papers/CentenoCohen.pdf

Elyachar, Julia (2005): Markets of dispossession, Dirham & London. Duke University Press.

Mitchell, Timothy (2002): Rule of experts, Berkeley,Los Angeles,London:University ofCambridge Press.

Montecinos, Verónica, Johan Markoff y María José Alvarez (2009): Economists in the Americas: convergente, divergente and connection,Cheltenham, UK Northampton, MA: Edgard Elgar.

Miller, Meter & Nicolas, Rose (2008): Governing the present,CambridgeUK: Policy.

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Comments

  • joseossandon  On March 27, 2012 at 9:04 am

    Hola Mariana, me dejaste pensando lo siguiente. Según entiendo, en los últimos párrafos de tu post manifiestas una doble insatisfacción: (1) primero con la idea de que las ciencias sociales no económicas deberían dedicarse a criticar nociones abstractas como mercado o capitalismo a partir de sus expresiones concretas (algo que podríamos asociar con la perspectiva de autores como D. Miller y su discusión sobre “virtualismo”) y (2) segundo con el paradojal monolitismo de autores más bien cercanos a la antropología como Mitchell o Elyachar, quienes tenderían a simplificar los actores internacionales y locales que observan. Entonces, el desafío sería como no hacerle el quite a las abstracciones (del tipo capitalismo) sin por otro lado dejar de expresar la riqueza de la particularidad del caso estudiado. ¿se te ocurre como hacer esto? ¿o algún estudio que sirva de ejemplo de una buena forma de solucionar este doble desafío?

  • aldomadariaga  On March 28, 2012 at 9:29 am

    Hola Mariana, gracias por tu post. Se me vinieron a la cabeza algunos comentarios relacionados con el “largo plazo” y cómo dar una mirada histórica al fenómeno que vaya más allá de la asimilación actual de ciencia económica con economía neoclásica, y por supuesto, buscar en el pasado la similitud y diferencia con los procesos actuales.
    – Por un lado, la “sociología de la modernidad” de Peter Wagner donde se da cuenta de un proceso modernizador de largo alcance, llevado a cabo por actores sociales con proyectos modernizadores en pugna, pero a los cuales subyace por igual una tensión no resuelta en la modernidad, aquella entre disciplina y libertad. Aquí vale por ejemplo traer a colación las discusiones sobre planificación e industrialismo a mitad del siglo… cual sería la relación con los procesos racionalizadores ejecutados bajo una ciencia económica neoclásica en la actualidad? cual la relación entre los actores portadores de dichos proyectos en cada caso, y los instrumentos mediante los cuales las construyen?
    – Por otro lado, las raíces políticas y los intereses detrás de las movidas ideológicas y las transformaciones organizativas. Aquí estoy pensando desde Polanyi en La Gran Transformación hasta Habermas en Ciencia y Técnica y pasando por Bolstanski y Chiapello… Sin embargo, uno podría ir más allá y atender a las pugnas de poder al interior de un bloque dominante. Por ejemplo Giovanni Arrighi (El Largo siglo XX) tiene algunas tesis interesantes sobre la pugna entre la burguesía industrial y financiera a lo largo de la historia capitalista, y la relación entre esta pugna con las grandes crisis. Me parece que este tipo de investigaciones pudieran contribuir también a comprender el balance cambiante del contenido de las ofensivas racionalizadoras que forman parte de la modernidad y dar luces sobre las dinámicas que se gestan en la actual crisis…

    Saludos!

  • marheredia  On March 28, 2012 at 11:43 am

    Hola Jose, Aldo,

    Qué interesantes comentarios, gracias!

    También pensaba en Peter Wagner y en Albert Hirschman como referencias que, si bien muy distintas entre sí, me parece que permiten pensar con más complejidades la modernidad y sobre todo las modernidades periféricas. No conozco en profundidad el trabajo de Arrighi, lo apunto entre mis pendientes!

    Me da la sensación de que más allá de gran entusiasmo que nos provocan estas cuestiones (con el riesgo en mi caso de perder rigor y anclaje empírico), hay como una dimensión analítica y otra político-histórica del asunto.

    La analítica refiere a la relación entre las “otras” ciencias sociales y la economía y apunta a la relación entre ambas. Frente al unicidad y el universalismo económico, ¿existen otras vías de trabajo posible frente al localismo y el constructivismo? A lo mejor habría que ahondar en las nuevas teorías sociológicas, ver como piensan la generalizaciones.

    La político-histórica me parece referir a los procesos de modernización y las relaciones Norte-Sur en la globalización (y como dice Aldo, a su singularidad o no respecto a la expansión previa de la industrialización y los grandes estados Nacionales del Sur). En todo caso, me parece que cuando se miran estudios de caso (en Egipto, Rusia, América Latina), es evidente que la lógica de la economía no es tan global ni la lógica de la política (por decir algo) tan localista. Ej. Tanto Mitchell como Kirtchik (una amiga rusa que trabajó sobre la reprivatización de las tierras agrícolas tras la caída del muro en Moscú) como nosotros mismos, constatamos que las imputaciones de corrupción o discrecionalidad “a la egipcia”, “a la rusa”, “a la argentina” se parecen bastante entre sí y son requisitos para la expansión de la propiedad privada y la dinámica mercantil. A lo mejor en Ben Schneider hay algo sobre la construcción de burocracias en Brasil con características específicas (no weberianas) pero con igual eficacia.

    Habría que precisar los interrogantes y ver los recortes que permitirían darles respuesta. Una estrategia interesante me parece la de ONG (“Neoliberalism as exception”) que se sitúa en la zona gris entre la avanzada racionalizadora occidental en China y la supervivencia de lógicas diferentes. ¿Se podrá identificar lógicas no mercantiles generalizables a partir del estudio de esas zonas grises en distintas partes del planeta?

    Saludos a todos, Mariana

  • joseossandon  On March 29, 2012 at 6:43 am

    Respecto a: ” Frente al unicidad y el universalismo económico, ¿existen otras vías de trabajo posible frente al localismo y el constructivismo? A lo mejor habría que ahondar en las nuevas teorías sociológicas, ver como piensan la generalizaciones.” Diría que una forma de hacerlo es no partir de la diferencia entre particular y abstracto, sino estudiar procesos empíricos de abstracción. Como es que lo abstracto se logra se produce en la práctica. Por supuesto, esto ya lo proponía Latour en Science in Action (pero está presente creo yo en otras teorías sociologías contemporaneas como en los trabajos de H. White y Luhmann). Al hablar de “economización”, Caliskan y Callon parecieran ir en esa dirección también. Aunque, como decía Boltanski en una entrevista, nadie aun se ha dado el horrible trabajo de seguir los infinitos mediadores que hacen posible el capitalismo! (quizás algo así intentó el bueno de Marx en Capital!).

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