Sociología, conocimiento y riesgos en mercados financieros

Los reguladores contemporáneos comparten una filosofía básica. Independientemente de sus trayectorias personales o sus intereses políticos inmediatos, suelen entender a los mercados como entidades absolutamente inteligibles. Con suficiente esfuerzo intelectual, aseguran, es posible entender a los mercados, predecir su comportamiento a grandes rasgos y prevenir catástrofes. Ese es, a fin de cuentas, el objetivo del regulador moderno: intervenir para prevenir. En el peor de los casos, es posible diseñar instrumentos que permiten asegurarse contra riegos probables y, con ello, controlar el futuro. Para ellos, los mercados son conocibles, poseedores de una epistemología clara, contundente y aproximable. Esta visión se origina tanto en las circunstancias sociológicas de los reguladores como en la historia intelectual de los mercados.

En primer lugar, existen desincentivos culturales e institucionales hacia posturas epistemológicas que cuestionen la inteligibilidad de los mercados. Admitir límites a la capacidad de conocer las estructuras y comportamientos en la esfera económica erosiona la legitimidad de agentes políticos y la posibilidad de intervención. En este sentido, los reguladores económicos enfrentan el mismo tipo de presiones institucionales que los agentes involucrados en debates sobre el medio ambiente: el reconocimiento de incertidumbres, de límites al conocimiento, debilita estrategias políticas.

En segundo lugar, existen pocas opciones en el arsenal intelectual moderno para lidiar con los mercados como entidades no conocibles. Como explica Andrew Pickering (2010) en su reciente The Cybernetic Brain, la historia intelectual de la modernidad está definida por un paradigma que asume que cualquier proceso o entidad empírica es representable—un paradigma representacional en el cual, por ejemplo, los procesos cognitivos del cerebro mismo son asumidos como reducibles a relaciones abstractas y formales.  En el límite, aduce dicho paradigma, el conjunto de todos los hechos empíricos puede ser simulado por una representación totalizadora, una teoría del todo que captura, como un sueño Laplaciano, la esencia misma de la naturaleza.

En este sentido, eventos recientes en la economía mundial, y en particular los procesos que han caracterizado al sector financiero internacional, pueden ser leídos de dos formas. Para algunos, son muestra de una falla de los reguladores en recolectar, procesar y analizar información sobre el sistema financiero. Así, la crisis hipotecaria americana podría haber sido evitada si las instituciones del estado hubiesen tenido más información sobre el sistema bancario y las prácticas de los intermediarios involucrados en la venta de hipotecas de alto riesgo. Efectivamente, para algunos analistas, la crisis financiera fue el resultado de nada menos que malversación, por ende asumiendo una acción coordinada para ocultar datos objetivos (Perrow 2007). Para otros, la crisis pone en evidencia la necesidad de ampliar el repertorio instrumental/representacional de los reguladores modernos, lo que implica incorporar, por ejemplo, teorías de redes al análisis de riesgos sistémicos o economía comportamental en las políticas públicas (Andrew Haldane, Director de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra ejemplifica este movimiento; véase Haldane 2009).

Sin embargo, este mismo conjunto de eventos puede ser visto como una manifestación de los límites del conocimiento—límites que, cabe resaltar, son endémicos e irreducibles. Bajo esta perspectiva, las catástrofes económicas son el resultado inevitable de la complejidad sociotécnica del mundo económico. Los desastres no son normales—para usar la terminología de Charles Perrow—sino epistémicos, derivados de los límites del conocimiento sobre los mercados (véase Perrow 1999). En otras palabras, son desastres inesperados—e inesperables—que parten de constricciones epistémicas inherentes (sobre desastres epistémicos, véase Downer 2011; sobre riesgo y la epistemología del mercado, véase Pardo-Guerra 2011). Como argumenta Donald MacKenzie (2011), la crisis puede ser entendida también como un producto de las culturas de evaluación de los mercados financieros, las cuales restringieron la capacidad de los agentes por imaginar posibles catástrofes.

La epistemología de los mercados contemporáneos es relevante para las ciencias sociales en dos sentidos. En primer lugar, es un tema claramente sociológico/antropológico. Discusiones sobre la naturaleza del conocimiento son parte integral de la historia de las ciencias sociales y prevalecen en varias tradiciones intelectuales. En sociología, por ejemplo, debates sobre la estructura del conocimiento, el uso de categorías y su realización a través de la acción social son fundacionales (como lo demuestra la obra de Durkheim, así como trabajos posteriores en etnometodologia). Fuertemente inspirados en discusiones filosóficas, los estudios de ciencia y tecnología también tienen el carácter social del conocimiento como un tema clásico. Y en antropología, estudios sobre marcos culturales y los límites de lo conocible son igualmente clásicos (demostrado por el trabajo de Mary Douglas o, más recientemente, Marilyn Strathern o Annelise Riles).

En segundo lugar, estudios sociales sobre la epistemología de mercados posibilitan contribuir de forma sustancial a discusiones otrora reservadas para agentes que tienen un control privilegiado sobre la esfera económica—es decir, los economistas. Hasta cierto punto, al permitir entender procesos involucrados en la formación del conocimiento—ya sean procesos de innovación técnica o de creación y uso de categorías en mercados—el arsenal teórico de las ciencias sociales les da a estas un mayor peso en debates públicos sobre el futuro de los mercados. En este sentido, abordar la epistemología de mercados permite revertir la división disciplinaria que definió la separación entre la economía y otras ciencias sociales.

A modo de conclusión, ofrezco una ilustración sobre la creciente importancia de las ciencias sociales en la esfera económica. A comienzos del 2011, un grupo de investigadores formado por Daniel Beunza (LSE), Yuval Millo (LSE), Donald MacKenzie (Edimburgo) y yo fuimos invitados por el Department of Business, Innovation and Skills del gobierno británico para analizar el papel de la tecnología en los mercados financieros. Nuestro primer reporte (Beunza et al 2011) describió los cambios culturales asociados a la automatización de los mercados financieros anglo-americanos e identifico tres riesgos sistémicos. El primero, llamado riesgo de normas débiles, se refiere al desaparecimiento de intermediaros financieros que, a pesar de tener algunos privilegios, responden a un mayor número de reglas que los usuarios anónimos actuales del sistema financiero. Un segundo riesgo se refiere a la llamada transparencia toxica—un efecto en el cual una mayor interconexión y transparencia en el sistema de precios incrementa la posibilidad de oscilaciones violentas y, por tanto, de crisis súbitas e inexplicables. Por último, identificamos un llamado riesgo de innovación fragmentada, el cual es resultado de los procesos de innovación en mercados financieros: en tanto que los mercados usan un sistema de precios público y transparente, la innovación en tecnología e instrumentos ocurre en silos opacos; los agentes tienen pocos incentivos para revelar la estructura de sus sistemas y, a nivel sistémico, crean una incertidumbre irreducible sobre el estado del mercado. Dicha incertidumbre se traduce en crisis que ponen en evidencia la interconectividad técnica del mercado (Pardo-Guerra 2011).

Los riesgos que identificamos no pretenden ser representacionales. Construir un instrumento de inversión con estos riesgos o tratar de concebir un sistema de seguros en contra de catástrofes es, por ejemplo, imposible—los riesgos que identificamos son, por construcción, informales, no-abstracto y cualitativos—al contrario de la filosofía convencional de reguladores financieros. Sin embargo, la identificación de estos riesgos es claramente realizativa: permite tanto a reguladores como agentes de mercado hablar de escenarios comunes que, de otra forma, no habrían sido identificados. Permite, en este sentido, imaginar futuros posibles.

Juan Pablo Pardo-Guerra

Referencias

Beunza, D; MacKenzie, D; Millo, Y; Pardo-Guerra, JP (2011) ‘Impersonal efficiency and the dangers of a fully automated stock exchangeDepartment of Business Inovation and Skills

Downer, J 2011 ‘737 Cabriolet: the limits of knowledge and the sociology of inevitable failureAmerican Journal of Sociology 117 (3): 725-762

Haldane, A 2009 ‘Rethinking the financial network’ Financial Student Association, Amsterdam

MacKenzie, D 2011 ‘The Credit Crisis as a Problem in the Sociology of KnowledgeAmerican Journal of Sociology 116(6)

Pardo-Guerra, JP 2011 ‘Risk and the machinery of the marketRisk & Regulation CARR Review 22(Winter): 4-5

Perrow, C 2007 The next catastrophe Princeton University Press: Princeton

Perrow, C 1999 Normal Accidents: Living with High-Risk Technologies Princeton University Press: Princeton

Pickering, A 2010 The cybernetic brain: sketches of another future University of Chicago Press: Chicago

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Comments

  • marheredia  On April 4, 2012 at 9:46 am

    Hola Juan Pablo,
    Excelente el análisis! No sé si conocés el trabajo de André Orléan. Creo que va en el mismo sentido, básicamente al señalar el peso de las constricciones cognitivas y los efectos de imitación en los mercados financieros.
    Por otra parte, tu texto apunta a otro elemento que me parece importante y que trasciende la cuestión de las finanzas. Por momentos en los STS la noción de verdad es reemplazada por la de éxito o eficacia. No cuestiono las virtudes de este desplazamiento para comprender la acción de los expertos. Simplemente creo que es necesario mantener alguna diferencia que reconozca a la ciencia básica la incertidumbre radical sobre la que se asienta y que es contraria a las necesidades de la acción política.

    • Juan Pablo Pardo-Guerra  On April 4, 2012 at 1:18 pm

      Estimada Mariana,
      Muchas gracias por los comentarios y la referencia. El trabajo Orlean es, en efecto, bastante relevante. La discusión sobre el tejido cognitivo del mercado es muy interesante–en parte porque obliga a regresar a los clásicos de la economía y leerlos desde una perspectiva sociológica.
      Creo que el problema de los limites del conocimiento y como afectan la calidad de la acción política es particularmente interesante. Concuerdo con los problemas de remplazar la idea de ‘verdad’ en STS. Y es justo ahí donde creo que debemos comenzar a ser mas confiados de la madurez intelectual del área: mas allá de ser críticos en el sentido de proponer alternativas radicales, parte del trabajo de STS debe ser critico en el sentido de ser parte de procesos de cambio reales. Por ejemplo, las criticas clásicas al modelo de déficit en comunicación científica llevaron a la creación de metodologías y protocolos que democratizaron (hasta cierto punto) la forma de hablar sobre la ciencia. Eso tuvo resultados tanto positivos como negativos, pero definitivamente cambio el proceso. Es justo esto lo que creo que debemos comenzar a hacer con temas económicos.

  • joseossandon  On April 4, 2012 at 11:02 am

    Totalmente de acuerdo con Mariana, es muy bueno e interesante lo que sugieres. Desde un marco conceptual diferente, me hizo pensar un poco en la crítica a la economía que hace E. Esposito en su libro “The Future of Futures: The Time of Money in Financing and Society”, en cuanto para ella el gran problema epistemológico de reguladores y economistas es no asumir el carácter finalmente no-modelable de buena parte de la actividad financiera. Fascinante esperar también el uso que se le da al documento que prepararon con Beunza y cia!! Una pregunta que me queda es respecto a que hacer con lo último que sugieres. Como dices, los riesgos que ustedes identificaron no buscan ser modelados. Sin embargo, podrían eventualmente servir para imaginar futuros y eventualmente actuar sobre ellos. ¿Te imaginas de esta forma una regulación de acción directa o más del tipo principio de precaución?

    • Juan Pablo Pardo-Guerra  On April 4, 2012 at 1:36 pm

      Pues veremos que pasa con el documento. Hace poco entregamos un segundo reporte que aun no es publicado. Junto con otros 30 reportes, elaboraran un documento que representa la posición del Reino Unido en la segunda ronda de negociaciones sobre la regulación de mercados financieros a nivel Europeo. Seria muy bueno que algo sobreviviese pero, a fin de cuentas, todo depende de los lectores en Bruselas.
      En un mundo ideal, la regulación financiera tendría tal vez una mayor reflexividad y usaría mecanismos similares al principio de precaución. No obstante, creo que el mayor reto es asumir los ‘trade-offs’ en situaciones de alta incertidumbre. Un ejemplo: el evento que llevo a producir el reporte para el gobierno británico fue la llamada Flash Crash de 2010, un evento en el que los mercados americanos perdieron alrededor de 9% de su capitalización en 20 minutos (http://en.wikipedia.org/wiki/2010_Flash_Crash). El evento fue causado por una confluencia de problemas y tensiones, pero resulto del alto nivel de interconeccion del sistema financiero americano. Inicialmente, se penso que el problema fue causado por inversionistas que usan computadoras y redes super-veloces para hacer arbitraje en milisegundos (llamados high-frequency traders). Hasta ahora, no hay evidencia de que ellos hayan causado este problema. Hay mas estudios económicos que afirman que estos inversionistas mejoran la calidad de mercados al proveer liquidez que los que dicen que disminuyen la calidad de mercado al aumentar la volatilidad. Es, en pocas palabras, un tema rodeado de incertidumbre.
      Recientemente, los legisladores Europeos indicaron que van a introducir una velocidad mínima para las transacciones. Esto eliminaría el sector de high-frequency trading (HFT) casi por completo. El problema es que, si los estudios económicos son correctos, HFT hace a los mercados mas eficientes, reduce los costos de transacción y, por tanto, lleva a mejores rendimientos en el largo plazo. Los HFT son, en cierto sentido, intermediarios extremadamente eficientes (y extremadamente baratos). Eliminarlos podría llevar a tener mercados mas caros y, posiblemente, menos eficientes en el largo plazo. Ganaríamos tal vez un poco de estabilidad, pero a costa de menores rendimientos.

  • Nicolas Riquelme Guzman  On April 17, 2012 at 8:08 pm

    Este es un tema que me gustaría trabajar en mi tesis de magister. ¿Cómo es posible contactar al autor para solicitar más referencias de las contenidas en este post?
    Estaria muy agradecido.
    Saludos.

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