Beppe Grillo y la financialización de Europa

Una de las valiosas contribuciones de la geografía económica al campo de los estudios sobre la economía, ha sido la noción de que los fenómenos del capitalismo contemporáneos son multi-escalares (Brenner, 1999). Es decir se manifiestan a diversas escalas geográficas siendo tarea del análisis identificar las sutiles imbricaciones que entretejen un nivel con el otro. Este principio, aplicable a cualquier fenómeno contemporáneo, es particularmente palpable cuando se analizan los eventos recientes en los países europeos en el contexto de la crisis del Euro.

La escala global y regional

La Unión Europea y la Unión Monetaria son el resultado último de un proyecto político que se inició tras la segunda guerra mundial con el propósito fundamental de producir paz, y generar las condiciones para el desarrollo económico y social, en sociedades destruidas por la guerra con economías deprimidas. El germen del proceso fue la ya existente interdependencia económica entre los países (la vieja idea de Adam Smith, de que el comercio es la mejor arma contra la guerra), y sus catalizadores fueron, por una parte, el continuo apoyo financiero de Estados Unidos, para el cual una Comunidad Europea de naciones democráticas y liberales era geopolíticamente estratégica, y, por otra, la voluntad y habilidad de “emprendedores políticos” en Francia, Alemania e Italia quienes orientaron el proceso de integración desde áreas funcionales –producción de Carbón y Acero- a esferas más complejas del sistema político y económico.

A pesar de algunos momentos de “Euro-esclerosis”, el proyecto de integración se fue desenvolviendo gradualmente en etapas casi lineales, y con relativa estabilidad, gracias a estar contenido en una estrategia de desarrollo más amplia que combinó la liberalización económica dentro de la región, el proteccionismo para fuera de la región, y un fuerte intervencionismo a nivel nacional en materia de política económica, bienestar social y regulación de las relaciones capital/trabajo. Este modelo que John Ruggie bautizaría como “embedded liberalism” y que llegaría a ser sinónimo de “el Modelo Europeo”, tuvo un apogeo de dos décadas, luego de las cuales inició una lenta agonía a finales de la década de los 70’, dramáticamente agudizada por estos días.

El modelo Europeo fue víctima de lo que Habermas llamara crisis del capitalismo tardío. Una crisis de modelo de acumulación capitalista con impacto en la legitimidad de los sistemas políticos democráticos, y el principal mecanismo que ligó ambas crisis fue la financialización de las economías europeas, que luego sería extendida al conjunto de la Unión, a través del tratado de Maastricht y la instauración del Euro. Financialización, en este contexto, refiere al proceso a través del cual las operaciones financieras se convierten en las actividades económicas dominantes en sociedades post-industriales (Kripner, 2011), y su principal consecuencia, hoy evidente en Europa, es la colonización de la lógica del sistema político por una lógica financiera, con la consecuente reducción de las capacidades regulatorias del Estado.

Este proceso de financialización se inició a finales de la década de los 70’ con la crisis del sistema monetario internacional, y la consiguiente liberalización de los mercados financieros permitiendo a los estados europeos generar la ilusión de que era posible mantener los niveles de bienestar de sus ciudadanos y a la vez mantener una inflación baja, a través del endeudamiento público. A lo largo de las décadas de los 80 y 90, las economías europeas comenzaron, en grados variables, a no depender ya más de sus estructuras productivas (de su economía real) para sostener niveles de crecimiento y de bienestar acorde a las exigencias de sus sociedades, sino que comenzaron a ser dependientes de la atracción de inversión y de la obtención de crédito desde inversores internacionales; de modo recíproco, para el sistema financiero, cada país comenzó a representar un nivel de riesgo distinto contribuyendo a la distribución geográfica de los países en un nuevo centro y periferia no ya estructurado en torno a la división internacional del trabajo, sino por la credibilidad y solvencia de sus cuentas corrientes.

Durante los 90 y 2000, endeudarse fue la única forma que tuvieron los gobiernos europeos para mantener un nivel de legitimidad ante los electores; desde la perspectiva del sistema financiero. En tanto, prestar dinero a los Estados incrementando así su deuda soberana, fue una forma fácil de “realización de capital”, facilitada luego por el propio proceso de integración monetaria. En efecto, cuando un país entra a una unión monetaria por definición ya no posee una moneda, por ende no sufre devaluación de la moneda, y no enfrenta más límites de balanza de pagos, generando incentivos al endeudamiento público, cuyo único límite teórico es el default. Este mecanismo fue reforzado por la propia Unión Monetaria ratificada a través del Tratado de Maastricht. A través de ella, los estados miembros integraron sus mercados de capitales, a la vez que renunciaron al control sobre ellos mediante política monetaria, creando instituciones como el Banco Central Europeo independientes de la autoridad política sea a nivel regional (Comisión) o a nivel nacional (gobiernos).

Por otro lado, la economía más poderosa de la región, Alemania,  posee una estrategia de desarrollo basada en las exportaciones, teniendo grandes incentivos para dar crédito, parte del cuál va a incrementar la deuda soberana de países periféricos como los sur europeos. El modelo de desarrollo alemán se basa en vender productos a otros países de la región, y una parte importante de la estrategia es, por ende, prestar dinero para que otros países puedan comprar.

La escala nacional: el caso de las elecciones italianas

Desde que estalla la crisis a finales del 2009 cuando Grecia admite el hecho de haber falsificado sus cuentas fiscales y de enfrentar un déficit considerablemente mayor del esperado, la Canciller Alemana Angela Merkel, y luego las autoridades Europeas en su conjunto, deciden emprender programas de control de la deuda y ajuste fiscal para re-estabilizar la confianza de los inversores internacionales en la Euro zona. Sin entender, o asumir, que Alemania y la financialización de su economía, así como del resto de las economías europeas eran parte fundamental de la crisis, la Canciller Merkel encuadró la situación como un problema moral, reforzado por prejuicios culturales de larga data en el viejo continente, ganando apoyo popular interno y diseñando una solución también moral –disciplinamiento y austeridad- con un fuerte impacto recesivo tanto en la demanda interna y en la producción industrial, como en el desempleo y en las condiciones de vida de los ciudadanos de los países sur europeos.

El manejo de la crisis por parte de las autoridades europeas, tiene manifestaciones inmediatas en la escala nacional de los Estados miembros, donde el campo político ha comenzado a estructurarse en torno al eje austeridad / anti-austeridad, superponiéndose al eje tradicional izquierda / derecha, y produciendo un curioso cuadro político. Una clara manifestación de este fenómeno ha sido la elección del pasado 25 de Febrero en Italia. La campaña de Mario Monti, quien encabezó el gobierno técnico durante el año 2012, se situó evidentemente al lado de la continuación con los programas de ajuste, con un discurso fuertemente centrado en la responsabilidad del país con el proyecto Europeo. Sin embargo, Monti no fue el único en enmarcar su campaña en el eje pro-austeridad. La coalición de centro izquierda encabezada por Pier Luigi Bersani y el Partito Democratico (PD), enfatizó durante la campaña la responsabilidad con el proyecto europeo y apoyó el continuismo con las políticas de Monti con un tibio y dubitativo matiz reformista. Incluso referencias políticas ubicadas aún más a la izquierda como Sinistra Econologia e Libertà de Nichi Vendola, al formar alianza con el PD, terminaron por guardar silencio en torno a las medidas de austeridad, pagando con votos su condescendencia.

Por el lado de la anti-austeridad, se posicionó Il Popolo della Libertà (PDL) de Silvio Berlusconi, quien luego de ser depuesto y reemplazado por Mario Monti en Diciembre de 2011, se convirtió en un acérrimo “euroescéptico”. Su bandera de lucha fue un discurso nacionalista y anti-Merkel, combinado con promesas de recorte de impuestos –poco creíble a la luz de su pasado- logrando movilizar sectores afectados por las políticas de Monti, además de su electorado tradicional compuesto por sectores populares del sur de Italia y grupos capitalistas del norte.

Beppe Grillo y su Movimiento 5 Stelle, los grandes ganadores de la elección, se situaron también en el polo anti-austeridad, captando de este modo un importante bolsón de votos de izquierda decepcionados por el consenso tácito entre el PD de Bersani y la coalición de Monti, y que no votarían jamás por Berlusconi, convirtiéndose en el partido más votado a nivel nacional, y bloqueando la posibilidad de una mayoría en el parlamento.

Movimientos como el de Grillo están surgiendo en otros países de la región como el United Kindom Independence Party (Ukip); en otros países, en tanto, han surgido o re-surgido líderes conservadores con discursos fuertemente nacionalistas como una revitalizada Marine Le Pen en Francia, o el octogenario y ultra-liberal Frank Stronach en Austria, mientras en países como España y Portugal la resistencia y la búsqueda de alternativas políticas se ha estructurado en torno movimientos sociales “sin partido”. La generación de alternativas políticas a nivel nacional es imprescindible, sin embargo ellas deberán necesariamente ir más allá y deberán tener una voz y una posición acerca de una nueva arquitectura de la Unión Europea a escala regional. Hoy este último debate es hegemonizado por cuadros técnicos, mientras crece el euroescepticismo en las bases ciudadanas capitalizada, en muchos casos, por líderes nacionalistas de un oscuro pasado político.

Stefano Palestini Céspedes

Referencias

Brenner, Neil (1999) Beyond state-centrism? Space, territoriality, and geographical scale in globalization studies. Theory and Society (28): 39-78.

Krippner, Greta (2011) Capitalizing on Crisis: The Political Origins of the Rise of Finance. Cambridge, Massachusetts.

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Comments

  • joseossandon  On March 21, 2013 at 12:41 pm

    gracias Stefano, ya quisiera encontrar un análisis como este en los diarios chilenos! muy claro e interesante el uso de la noción de múltiples escalas de la geografía. sin duda hay mucho más que explorar en esa conexión. me gustó también la explicación en términos de deudas. de hecho no suena muy diferente a otros sistemas financieros. por ejemplo, el retail en Chile, como Alemania en Europa, le presta a consumidores cuyos ingresos no suben para que les puedan comprar lo que ellos venden. con la diferencia, quizás como justo hoy se discute en los diarios de cl, que las casas comerciales y supermercados no fabrican lo que venden sino que lo productores que se ven obligados a dar un crédito gratis a las tiendas que les pagan con casi 3 meses de atraso. una pregunta, mencionas la noción de “colonización” (de la política por las finanzas). ¿qué tan útil, interesante, o relevante o necesario de mantener te parece ese concepto de Habermas para discutir la financialización?

  • felipegonzaleztkd  On March 21, 2013 at 1:47 pm

    Muy interesante Stefano, gracias por el post, va muy en la línea de las “contradicciones de los capitalismos democráticos”. Quería comentar sobre la pregunta de José a modo de divagación (como si nos estuviésemos tomando una cerveza), porque me pregunté lo mismo. A mi me parece que “financialización” y “colonización” son intercambiables cuando se refiere a la imposición o intromisión de lógicas de acción de distintas esferas institucionales. Quizás pensarlo en términos de colonización permite ir un poco más allá de la defición de la economía política, en el sentido de una forma de acumulación del capital (como lo definiría Krippner en ese libro también). Porque además de ser un fenómeno referido inevitablemente vinculado a la reproducción del capital, financialización puede entenderse como el proceso mediante el cual determinadas relaciones se organizan a través de algo así como un “principio de deuda”, una lógica no necesariamente económica pero sí con sus especificidades (traer recursos desde el futuro y asignar obligaciones, en este caso cuantificable en dinero). Así como Callon propone como agenda el estudio de la “economización”, se podría entender también la financialización como la constante expansión del principio de deuda como mecanismo de coordinación social, tanto en los créditos de consumo, como en las micro-finanzas y la deuda pública; en las esferas doméstica, productiva y política. Lo interesante de este “principio de deuda”, bajo el punto de vista de la colonización, no es sólo que los mercados financieros parecen imponerse a las decisiones políticas, sino también reorganización de las relaciones entre personas/empresas, empresas/bancos, gobiernos/mercados, etc. Relaciones que por lo demás aparecen en las esferas del mercado (y en distintas escalas geográficas) como sujetas a leyes objetivas técnicamente manipulables, pero que no son más que relaciones sociales, generalmente marcadas por formas más sutiles de explotación, reciprocidades y obligaciones(suena conocido?). La deuda como principio social ha existido siempre, pero la potencia del fenómeno radica en su organización altamente racional y técnica. Un abrazo!

  • joseossandon  On March 21, 2013 at 4:45 pm

    Siguiendo con el principio de pensar en “voz alta”. quizás el problema con la “colonización” a la Habermas es que asume algo así como ámbitos cada uno con su lógica en disputa y potencialmente colonizándose entre ellos. Así, la economía o el mercado serían monológicos lo cual, asumiendo toda la investigación de la sociología de los mercados (desde Karpik a Zelizer pasando por Stark), parece muy equivocado. los mercados tienen múltiples principios de valor muchas veces en conflicto y los actores económicos no son necesariamente estratégicos sino que intentan valerse como puedan con estas múltiples lógicas. ¿pero entonces que hacer con la expansión de la deuda? de acuerdo con Felipe, la deuda es racional y técnica. pero ¿tiene una lógica común? quizás lo único común es que generalmente se trata como una especie de actividad lateral. como algo que se desarrolla al lado de la economía real que extiende aun más el tiempo que ya extiende el dinero. No es que todo lo que toque la deuda se haga racional y técnico, sabemos que no es así ni en los consumidores ni en los traders, pero de todas formas todo lo que toca o traduce lo transforma generando una especie de doble temporal (como parece decir Elena Esposito). Sí es así, entonces, la deuda no sería algo que coloniza sino que sería más bien como un parasito (en el sentido de Serres) que lo que haría sería conectar, interferir, traducir e introducir ruido. pero quizás algo parecido podría decirse con un concepto más amplio de colonización.

  • stefanopalestini  On March 22, 2013 at 5:05 am

    Gracias por los comentarios, están muy interesantes! (claro que necesitaríamos más de una cerveza). Creo que el concepto de “colonización” (u otros equivalentes de la terminología sistémica) tienen aún relevancia para el análisis sociológico, y pueden ser rescatados de la teoría social y aplicados a la economía política con perspectiva crítica. Al igual que Felipe, yo entiendo colonización como la interferencia (parasitismo es una buena descripción también) de una “lógica de acción” sobre otra, y rescataría el concepto del uso restringido que le da Habermas: en ese sentido concuerdo con José que después de Boltanski, Thevenot, Zelizer y otros, agotar el mundo social a dos lógicas de acción, racionalidad comunicativa y lógica funcional, es reductivo. Sin embargo, haría una distinción respecto al comentario de José. Creo que es importante distinguir “mercado” de “sistema financiero” (y a su vez de sistema económico). Tengo la impresión de que en algunas tradiciones de la sociología económica los términos se confunden (y sin duda sucede así en el uso coloquial). Para mi mercado es un mecanismo de coordinación, por ende como bien dice José, carece de una particular lógica de acción, es un dispositivo utilizable en diferentes contextos sociales y bajo distintos “principios de valor”. Las finanzas son una particular lógica de acción, por tanto analizables en términos de esferas de acción (a la Weber) o sistema (a la Luhmann). Creo que esta distinción es clave sobre todo para el análisis más macro, como los que realiza la economía política. La crisis de la UE es la completa financialización de una “polity”, es decir la extensión de lo que acertadamente Felipe describe como “principio de deuda”, sobre la capacidad de producir “bien común”; no es sólo una inferencia comunicativa (como lo leería Luhmann o Habermas), sino antes que nada una dependencia material (como lo lee Krippner, via Polanyi): los Estados europeos requieren de la deuda para producir bien común (con la paradoja que en el camino “privatizan” el bien común), pues sus economías no son ya más capaces de generar “valor” en la economía real. Luego la consecuencia es “comunicativa”, y el discurso político se orienta por conceptos financieros, y los actores políticos se orientan a producir señales de mercado que puedan ser traducidas y leídas por agentes financieros.

  • joseossandon  On March 23, 2013 at 7:01 am

    Muy de acuerdo Stefano es úti, y no siempre se hace, distinguir entre mercado, finanzas y economía. Y agregaría: entre los tres tipos de procesos que aparecen cuando transformamos cada una de estos sustantivos en acciones: mercantilización (o marketization), financialización y economización (por ejemplo: Caliskan & Callon explican que si bien su teoría es sobre la ecomización principalmente refieren a procesos de marketization en su artículo). Lo que me convence menos (y aquí pensando mientras escribo) es el supuesto de que mercado es un mecanismo de coordinación mientras que finanzas y economía serían lógicas de acción o sistemas.

    Los mercados son tradicionalmente asumidos como espacios pre-existentes aunque como entendemos cada vez mejor son generalmente activamente producidos, por los economistas y muchos otros, ie. marketing o cualquier market maker (retailers, brokers, etc.). Los mercados (siguiendo a Callon, White o Knorr Cetina) son mecanismos de desacople que permiten hacer cosas comparables (si esto es juicio o calculo es donde están agarrados de las mechas en Francia). Y como se compara, calcula etc tiene que ver con los múltiples formas de valoración (en términos de la economía de las convenciones, doméstica, industrial, verde, etc). ¿Es diferente el caso de las finanzas? ¿Hay una lógica de acción particular en las finanzas? Mi impresión (por ejemplo: a partir de Stark & Beunza o de Mackenzie 2011) es que al aproximarse empiricamente a la forma como se valora financieramente lo que aparece es también múltiples tipos de valoración y que lo que hacen los actores ahí es precisamente intentar arbitrar entre esas fricciones. ¿Son las finanzas un sistemas? Desde Luhmann, un sistema se caracterizaría por su propio código y medio. En corto, la economía no tendría una lógica de acción propia, sino que una “forma” de observar el mundo (pago/no pago, dinero, derechos de propiedad, etc.). Para E.Esposito las finanzas serían algo así como un re-entry de la economía, pero que ya no puede sino observar riesgo. Pero sin una lógica de acción particular.

    Pero en esta última literatura no se dice nada sobre el Estado utilizando las finanzas como forma de hacer políticas públicas. Creo que la economía política ha sido muy importante en enfatizar que la financialización más que un proceso económico es un tipo de política o regimen de políticas. En este contexto, en vez de intentar mejorar sueldos, crear producción, etc… se intenta utilizar las finanzas (y como sabemos desde Polanyi, Foucault y cia mercados de otro tipo también) para solucionar los problemas públicos. El problema es que generalmente esto va acompañado de una descripción de los mercados y las finanzas muy simplificadas. Probablemente los nuevos Habermas, Luhmann, Polanyi o Keynes de nuestro tiempo tendrán que intentar integrar estas diferentes literaturas enfatizando los saltos y cortes entre múltiples procesos más que intentando dar con lógica común que permita explicar todo.

    • stefanopalestini  On March 23, 2013 at 8:40 am

      Estoy de acuerdo José. Solo insistiría en la necesidad de conectar la descripción de lo que hace y lo que pasa por la cabeza del trader o del broker, con el análisis macro de la interacción entre instituciones financieras e instituciones políticas. Lo que vi el año pasado acá en el EUI un un workshop con sociólogos económicos (entre ellos Stark y Beckert) y economistas políticos (Soskice y Streeck, entre otros), para analizar la crisis del Euro, es que la comunicación entre ambas disciplinas no fluye, pues la descripción densa que hacen los sociólogos sobre la práctica económica (particularmente financiera), no conecta con problemas político institucionales que interesan a la economía política. El análisis detallado de la práctica financiera es fundamental para abrir la caja negra de lo que sucede en un directorio o una bolsa (como en los 80 fue con los laborarios). Sin embargo, me parece importante hacer luego el camino inverso y determinar los efectos agregados por ejemplo de un determinado derivado y su manera de ser evaluado, sobre la deuda privada o pública de un país. De lo contrario, el riesgo es perder el análisis en la práctica misma, y concluir que lo que ahí sucede no es muy distinto a lo que sucede en cualquier otro contexto social, pues en efecto los ingrediente son los mismos: poder, criterios de valor, emociones, etc. Puede ser que los sociólogos estemos muy preocupados del árbol sin ver el bosque; y también es muy probable, que las bases micro-sociológias de la economía política sean débiles. Pero sigo pensando que para crear explicaciones a problemas reales que sean alernativas a la economía mainstream, ese puente es necesario. David Stark piensa distinto, y es de la idea de dejar ambas disciplinas haciendo lo suyo. Creo que es un tema de opciones.

      • joseossandon  On March 23, 2013 at 10:58 am

        Respecto a esto: “en la necesidad de conectar la descripción de lo que hace y lo que pasa por la cabeza del trader o del broker, con el análisis macro de la interacción entre instituciones financieras e instituciones políticas”. Muy de acuerdo con que faltan más trabajos que conecten lo que pasa por la situación del trader con lo que pasa en instituciones financieras y políticas. En desacuerdo que es un tema de “micro” “macro”; diría que es más un asunto de trabajar con dos “sitios” diferentes que parecen empiricamente conectados pero que faltan herramientas conceptuales / metodológicos para conectarlos. Y claro un límite no menor es que los estudios sociales de las finanzas y la economía política se alimentan de conceptos y tradiciones disciplinarias diferentes. Pero hay buenos intentos de comunicación, por ejemplo en el trabajo de gente como Paul Langley que habla y conecta ambos lenguajes en lo que él denomina como una “cultural political economy”, de otra forma, pero muy interesante también, lo que hace T. Mitchell, y claro, el principalmente antecedente común sigue siendo Polanyi. Pero probablemente como siempre en estas cosas las mejores combinaciones no vendrán de los que se criaron en una subdsiciplina particular pero de los que, como tú, crecen hablando ambas.

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