Cuidar los Datos: Estadísticas y Las Políticas del Conocimiento Económico en la Argentina

[Este post es un primer paso hacia una investigación sobre las estadísticas económicas en la Argentina, específicamente las de la inflación, que han sido objeto de mucha polémica en los últimos años.  Agradecería los aportes de los compañeros del blog en la formulación de preguntas, que empiezo a construir acá]

En febrero de 2012, la revista The Economist publicó una nota sobre las estadísticas económicas argentinas titulado “Don’t lie to me, Argentina” [“No me mientes, Argentina”]. La nota comienza así:

Imagine a world without statistics.  Governments would fumble in the dark, investors would waste money and electorates would struggle to hold their political leaders to account.  This is why The Economist publishes more than 1,000 figures each week […].  We cannot be sure all these figures are trustworthy.  Statistical offices vary in their technical sophistication and their ability to resist political pressure.  China’s numbers, for example, can be dodgy; Greece underreported its deficit, with disastrous consequences.  But on the whole, government statisticians arrive at their figures in good faith.  There is one glaring exception.

[Imaginase un mundo sin estadísticas.  Los gobiernos se perderían en la oscuridad, los inversores desperdiciarían dinero y los electorados no podrían hacer responsable a sus gobernantes.  Por eso, The Economist publica mas de 1000 estadísticas cada semana […].  No podemos estar seguros que todas son fiables.  Hay variación entre las capacidades técnicas y la capacidad de resistir presión política entre las oficinas que calculan las estadísticas.  Los números de la China, por ejemplo, son sospechosos; Grecia tergiversó la cantidad de su deuda, con consecuencias desastrosas.  Pero en general, los estadísticos estatales llegan a sus cifras de buena fe.  Hay una excepción flagrante.]

La nota explica que desde 2007, fecha en la que el gobierno argentino intervino el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, el instituto ha publicado cifras de inflación que “casi nadie cree,” reportando cifras de inflación entre el 5 y 11%, mientras los economistas “independientes” las ubican por encima del 25%.

Desde aquel febrero, The Economist no publica cifras oficiales argentinas.  En su lugar, utiliza cifras de una empresa de servicios financieros basada en Estados Unidos cuyos estadísticas que son, según otra nota en The Economist, “tamper-proof” [resistentes a la falsificación] y basadas en “solid, peer-reviewed research” en contraste con las del INDEC, que “seems to arrive at its figures by a pick-and-mix process of tweaking, sophistry, and sheer invention” [parece llegar a sus cifras por un proceso de eligir-y-mezclar, sofistería e invención].  The Wall Street Journal también manifestó horror frente a las malas estadísticas argentinas, y en febrero de 2013 el FMI censuró a la Argentina, amenazando con una serie de sanciones si el país no cambiaba los cálculos antes de septiembre.  Los organismos del imperio se estaban movilizando en contra de las malas estadísticas argentinas.

¿Cómo explicar esta infracción estadística?  Las explicaciones más cínicas apuntan que alrededor del 20% de la deuda argentina está colocada en bonos indexados a la inflación, que implica un ahorro para las cuentas publicas de alrededor de $6,800 millones de dólares desde 2007.  Pero creo que hay algo mas profundo en juego también, y razones suficientes para detenernos en la cuestión de la “mala fe” del gobierno argentino.  La intervención en el INDEC se dio en un contexto de creciente influencia de economistas “heterodoxos” en argentina.  Estos economistas, cuyo trabajo va en contra de algunas suposiciones básicas de la tradición neoclásica, están desarrollando campos teóricos y nuevas políticas como parte de una búsqueda de alternativas al neoliberalismo.  Por ejemplo, en el ultimo año la Carta Orgánica del Banco Central de la República Argentina fue modificada con el fin explícito de despriorizar la inflación como preocupación central de la política monetaria (es una preocupación orientadora en bancos centrales más ortodoxos).  En vez de la inflación, el Banco Central se enfocaría en otras formas de bienestar económico, como la inversión productiva, el empleo, y la distribución de la riqueza.  Hoy, economistas del Banco Central ya no son “independientes,” sino que están explícitamente involucrados en la política en una manera que The Economist, The Wall Street Journal, y el FMI (y gran parte de la oposición argentina) encuentran preocupante, pero que el gobierno y sus aliados encuentran con potencial emancipatorio.

Las preocupaciones heterodoxas — especialmente sobre la desigualdad — también forman parte del debate sobre cómo medir la inflación.  Por ejemplo, un foco de debate es la canasta de bienes cuyos precios forman la base de los cálculos.  (Una canasta heterodoxa tendría menos autos y más bienes de subsistencia que los Indices de Precios al Consumo suelen tener.) Además de la composición de la canasta, portavoces del INDEC actual sostienen que los cálculos de inflación anteriores, lejos de ser independientes, fueron sujetos a maniobras ilícitas entre profesionales del INDEC y poseedores de bonos indexados con la inflación.  En otras palabras, hubo intereses en juego antes de la intervención del gobierno.  En vez de haber politizado a algo que antes fue independiente, los actuales gerentes del INDEC se presentan como parte de una nueva manera de hacer estadísticas que prioriza a los mas vulnerables.

Cuando empecé a idear este proyecto la historia se terminaba aquí.  Imaginaba un análisis de un conflicto entre dos formas de saber económica, y como la política, el poder, y esos saberes se relacionan entre sí.  El proyecto puede habernos ayudado a criticar la perspectiva que vea las estadísticas como neutrales, como hechos objetivos que existen por arriba del poder, y en vez de eso proponer un análisis de la relación entre hechos y valores.  Si lo hubiera hecho así, creo que habría sido una buena historia sobre la democratización de estadísticas en la Argentina y su rechazo por gran parte de la ortodoxia internacional.  Habría mostrado los desafíos de pensar la economía de una forma diferente, y los mecanismos de poder (tanto financieros como políticos) que intentan disciplinar otras maneras de construir la economía.

Pero me quedaba una duda que se profundizaba mientras seguía leyendo, algo que hace que esta historia parezca un poco menos blanca y negra y la vuelve a colocar en un mundo lleno de peligros grises, los peligros que están implícitos en cualquier intento de componer un mundo en que podemos vivir juntos en diferencia — un mundo cosmopolítico, como el teorizado por Bruno Latour[1] y Isabelle Stengers[2].  Preparando este post, me puse a leer algunos de los traductores de las ciencias económicas en que he desarrollado confianza durante los últimos años — gente que no veo ligada a lo que yo llamaría los proyectos del imperio, como el periodista Alfredo Zaiat, quien me ha explicado mucho sobre el mundo de los economistas heterodoxos a través del diario Página/12.  Así que me llamó la atención cuando leí que Zaiat, que normalmente se encuentra explicando (de modo solidario) las posiciones del gobierno, también manifestó preocupación ante la intervención del gobierno en el INDEC.  Sus preocupaciones van más allá de las que enfocan en la “opinión internacional” y si el gobierno “miente” o no, los temas más típicos en gran parte de la prensa argentina.  En particular, Zaiat expresa su preocupación sobre las tácticas de la intervención y su efecto en el trabajo que realiza el Instituto.  En una nota de 2010 da un resumen de estas preocupaciones:

A lo largo de más de tres años, desde el comienzo de la crisis [del INDEC] se criticó en más de una oportunidad la forma de los cambios realizados en la organización de esa dependencia y los movimientos abruptos de personal técnico y administrativo. También se observó la ausencia de información sobre las modificaciones aplicadas en las metodologías para realizar los relevamientos estadísticos, la interrupción de la difusión de la Encuesta Permanente de Hogares, la debilidad expositiva oficial sobre las transformaciones internas y la sostenida morosidad en el flujo informativo con el consejo de asesores. A la vez, se mencionó la existencia de intensas internas políticas, gremiales y personales que profundizaron la crisis del Instituto [aunque] no se ignoró que hubo reacciones porque se afectaron algunos kioscos de tráfico de datos que complementaban el salario de responsables de áreas.

En la perspectiva de Zaiat, se entiende que en la intervención del INDEC faltó cierto respeto hacia las formas de saber de los economistas.  La intervención, en este sentido, no produjo una forma de estadística diferente y basada en un campo teórico distinto.  En lugar de eso, violó la posibilidad de producir conocimiento fiable.  Produjo un vacío estadístico del cual era imposible hacer afirmaciones sobre la economía.  En lugar de otra forma de hacer estadística, la intervención significó un daño a las estadísticas a manos de la política.  Y aunque los fines del gobierno (acerca de la inclusión social) son compartidos por gente como Zaiat, la forma en que el gobierno intenta llegar a esos fines parece haber producido la destrucción de un campo de prácticas que los economistas — incluso los heterodoxos — valoren.

Isabelle Stengers me ha enseñado que nunca se debe celebrar la muerte de una práctica, en parte porque uno nunca sabe lo que la puede reemplazar.  En las preocupaciones de Zaiat, veo lo que Stengers[3] ha llamado obligaciones y requisitos, lo que Donna Haraway[4] ha llamado response-ability (la capacidad de responder a algo y ser responsable por ello), y algo similar a lo que Mike Fortun[5] ha nombrado cuidar los datos (Caring for the Data).  Para estos economistas heterodoxos, perder los datos a manos de la política representa la muerte de su práctica, de la única forma en que saben interactuar con el mundo.  Y aunque estos economistas nunca dirían que sus herramientas están alejadas de la política, tampoco están dispuestos a sacrificarlas por ella.  El gobierno y los economistas, aunque compartan fines similares, parecen tener ideas divergentes sobre lo que se puede sacrificar para llegar a esos fines.  Porque sin las estadísticas, los economistas (incluso los heterodoxos) se encontrarían con una perspectiva borrosa del mundo.  ¿Cómo podrían saber si la pobreza se reduce?  ¿Cómo pueden saber si se lograban sus ideales de productividad, empleo e inclusión socioeconómica?  ¿Cómo podrían saber sino a través de las estadísticas?

Dada esta complicación a mi primer paso más blanco y negro, ¿cómo se puede hacer un análisis que ayude a imaginar y a teorizar un mundo en que los economistas no son todopoderosos, pero sin descartar sus formas de saber y la posibilidad que sus saberes puedan contribuir a un mundo mejor?  No es mi deseo (e imagino que tampoco es el de muchos de esta lista) volver a una imagen de las ciencias económicas que las representa como “independientes.”  Prefiero mantener mi criticismo ante una ortodoxia que pretende buscar su autoridad poniendo lo económico en una zona supuestamente independiente, objetiva, neutral y alejada de cualquier política.  La salida de estadísticas económicas de una zona santificada de objetividad y su inserción en un campo en que los cálculos mismos son sujetos a debate y transformados en cosas políticas es algo que deberemos celebrar y promover.

Pero tampoco creo que deseemos valorizar la relación entre las ciencias económicas y la política que parece regir hoy en día en el INDEC.  Las preocupaciones de Zaiat indican que la politización de las estadísticas puede tomar varias formas, incluso formas que implican la destrucción de las estadísticas económicas como forma de saber.  La cuestión entonces seria preguntar cómo las ciencias económicas pueden convivir con la política de una manera que produzca un mundo mejor.  Además de la cosmopolítica, care (el cuidado), una de las palabras claves actuales en la rama feminista de STS, puede indicar algunas preguntas para imaginar un mundo compartido[6].  En este sentido las preguntas para una investigación etnográfica sobre la democratización de las ciencias económicas incluirían las siguientes:  ¿Qué significa cuidar las estadísticas?  ¿Qué significa hacer política y cuidar el demos?  ¿Cuáles son ejemplos concretos de cómo conviven estos dos campos y cuáles son los peligros de esa relación, tanto para la política como para las ciencias económicas?  ¿Cuáles son los campos en que se fomentan formas de cuidar los datos en una manera que hace responsable a los economistas por los saberes que generan, pero que tampoco implica el abandono total de sus formas de saber?¿Y que nos pueden enseñar sobre la convivencia de formas de saber e actuar en el mundo? ¿Cómo pueden convivir una multiplicidad de prácticas para conocer nuestros mundos interrelacionados?  ¿Cómo construir un mundo donde quepan muchos mundos?

Nicholas D’Avella

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1.  Latour, Bruno. 2004. Whose Cosmos, Which Cosmopolitics? Comments on the Peace Terms of Ulrich Beck. Common Knowledge 10(3): 450-462.

2.  Stengers, Isabelle. 2005. The Cosmopolitical Proposal. In B. Latour and P. Weibel (eds.), Making Things Public: Atmospheres of Democracy. Cambridge, MA: MIT Press. 994-1003.
Ver también:  Pignarre, Phillipe and Isabelle Stengers. 2011. Capitalist Sorcery: Breaking the Spell. Basingstoke, UK: Palgrave MacMillan.

3.  Stengers, Isabelle. 2010. Cosmopolitics I. Minneapolis: University of Minnesota Press.

4.  Ver, por ejemplo:  http://www.culanth.org/?q=node/353.

5.  Ver:  http://www.fortuns.org/?page_id=72.

6.  Puig de la Bellacasa, María. 2011. Matters of Care in Technoscience: Assembling Neglected Things. Social Studies of Science 41(1): 85-106.

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Comments

  • Ana Gross  On April 29, 2013 at 8:50 am

    Hola Nicolas, my nombre es Ana Gross, soy estudiante de doctorado en el Centre for Interdisciplinary Methodologies, University of Warwick. Estoy en este momento escribiendo un articulo sobre la controversia alrededor del Indice de Precios al Consumidor en Argentina. He conducido varias entrevistas con algunos de los agentes involucrados al momento de la intervencion, asi como tambien estoy analizando parte de los documentos legales que se produjeron para determinar si el indice ha o no sido ‘falseado’ o ‘maniuplado’ a partir de 2007. Me interesa tu perspectiva al respecto. Parte de la controversia gira alrededor de como ‘medir’ la variabilidad de precios en sus estados naturales, que en teoria economica se define como la medicion y construccion de ‘pure price indexes’. Me pregunto si estas analizando alguna de las caracteristicas mas tecnicas en lo que refiere a la construccion del indice y con respecto a la produccion de conocimiento objetivo? Crees que la controversia es especifica al contexto Argentino, y la manera en que culturalmente el Indice de Precios al Consumidor se aritcula en una sociedad ‘sensible’ inflacionariamente hablando? Me encantaria saber mas de tu estudio y tu background! Saludos, Ana

    • nniicchhoollaass  On May 4, 2013 at 2:58 pm

      Hola Ana, tu proyecto suena fantástico. Me encantaría saber más. Te cuento

    • nniicchhoollaass  On May 4, 2013 at 3:18 pm

      Un gusto Ana, tu proyecto suena fantástico. Me encantaría saber más. Te cuento que por ahora no estoy investigando nada — este post es parte de un proyecto más amplio que estoy ideando para el futuro sobre economistas. Así que sin duda sabés mucho más que yo sobre estas temas. Lo de analizar lo tecnico me parece exactamente el camino para seguir, tal como estas haciendo. Yo sí creo que la controversia es especifica al contexto Argentino, por las razones que decís. Como nos ha enseñado Daniel Fridman, los argentinos — no solo los argentinos, pero ellos también — dependen de esos numeros para ser buenos sujetos económicos. Pero también otros dependen de ellos para saber, y saber con otros fines (como los sociólogos etc.). Esa cualidad compartida que tienen las estadísticas es importante, como resaltan Matías, Mariana, y Mariana abajo. (Esa cuestión de las cosas compartidas es algo en que estoy metido ahora con mi investigación actual, que trata de los edificios en Buenos Aires, y la relación los edificios en los campos de arquitectura, inversión inmobiliaria, y la vida en los barrios de Buenos Aires. Podés leer más acá: http://cstms.berkeley.edu/blog/people/nicholas-davella/). Me gustaría seguir dialogando sobre tu proyecto!

  • Matías  On April 29, 2013 at 9:04 am

    Estimado Nicholas, muy interesante el artículo sobre las estadísticas, además de pertinente dada la coyuntura política argentina. El texto plantea muchas preguntas que no podríamos tratar en este post. Sí me permito no ser tan optimista respecto a la posibilidad de “celebrar y promover” que “los cálculos mismos [sean] sujetos a debate y transformados en cosas políticas”. Una mirada más amplia permite ver que, desde el año 2007, la intervención en las estadísticas no se circunscribe a la economía sino que abarca otros ámbitos como las estadísticas criminales. Y esa intervención, valorada por un ex-ministro de seguridad bonaerense con simpatías oficialistas, adquirió el aspecto de destrucción lisa y llana. Ni siquiera se trata de un debate sobre las formas de calcular pues previamente existía un consenso entre técnicos, políticos y académicos de, por ejemplo, la necesidad de una encuesta victimización. Desde el año 2007 eso ya no hace más. No hay debate en torno a las formas de medir; hay una ignorancia productiva para alguien. Mi ejemplo, que no se refiere a la economía pero sí a otro ámbito donde las estadísticas son importantes y han tenido una suerte similar – casualmente también desde el año 2007 -, intenta poner de relieve lo siguiente: efectivamente es saludable el debate sobre los procedimientos de medición pero a condición de que en ese debate 1) quienes argumentan sean claros y sean honestos en sus pretensiones de verdad (Habermas) y 2) ese debate finalice en algún momento y las estadísticas comiencen a producirse y publicarse como en cualquier Estado que se autodenomine democrático. Como la segunda condición no se da en todos los casos, me quedan dudas sobre la primera. Muchas gracias por el texto y será hasta la próxima. Matías

    • nniicchhoollaass  On May 4, 2013 at 3:35 pm

      Muchas gracias Matías. Estoy totalmente de acuerdo con lo que decís, y tu caso es muy interesante. Aclaro que lo de “celebrar y promover que los cálculos sean sujetos a debate y transformados en cosas políticas” no niega la posibilidad de destrucción lisa y llana. Es exactamente esa destrucción donde creo que podemos meternos para pensar. Para algunos, la destrucción sería equivalente a la politización. Lo que estoy diciendo en el post es que necesitamos otra condición de cómo entender la destrucción que no depende de una argumentación que va hacia la “independencia” y “objetividad” de los saberes. “Consenso” — una palabra que usaste — es muy distinto ya que eso. También lo sería “democratización” que para mi quiero decir algo parecido al “debate.” Agradezco mucho el comentario!

  • joseossandon  On April 29, 2013 at 9:38 am

    Hola Nicholas, excelente post tanto por el tema como los problemas que planteas. Me encantó lo del “cuidado de los datos”. Quizás te podrá interesar saber que en Chile en los dos últimos anhos se han cuestionado las estadísticas públicas como nunca. El anho pasado por primera vez se discuten los resultados de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica, desarrollada por el Ministerio de Desarrollo Social y que da la medida oficial del aumento o retroceso de la pobreza. Y recién en las últimas semanas, se está cuestionando el indíce de inflación IPC y el CENSO, ambas elaboradas por el Instituto Nacional de Estadísticas. De hecho acaba de renunciar el director del INE. http://ciperchile.cl/2013/04/25/el-director-del-ine-habria-manipulado-las-cifras-del-censo-2012/
    Lo interesante en términos comparados es que en Chile todo esto está pasando durante un gobierno de derecha, por lo que se rompe la asociación simple entre ”populismo de izquierda” y malos datos, que probablemente le gustará a un medio como The Economists. Mi impresión es que lo que está en juego es la existencia de organismos burocráticos independientes. Al menos en Chile, los directores de este tipo de institución son designados por el gobierno de turno y no son burocracias en el sentido mas tradicional de contrarestar los vaivenes entre gobiernos. Y en particular en el caso del ultimo gobierno, estos directores han sido personas que valoran muy poco las instituciones en las que trabajan y los expertos que ya trabajaban en ellas, generandose conflictos e intentando re-inventar la rueda todo el tiempo.
    La única excepción es el Banco Central y muchas personas piden en Chile que más organismos se parezcan al BC. El problema, claro, es que el BC no es solo relativamente independiente de cada gobierno, pero se ha constituido en una especie de claustro de economistas neo-clásicos. Es algo asi como una doble clausura, burocrática (ie; expertos con plazos y cargos independientes de cada gobierno), y epistemological (economistas de un tipo particular de formación). Quizás algo que te interesará explorar es la noción de “glitches” organizacionales desarrollada por A. Riles… (que hemos discutido antes acá: https://estudiosdelaeconomia.wordpress.com/2012/06/29/sobre-el-derecho-en-accion/

    • nniicchhoollaass  On May 13, 2013 at 12:31 am

      Hola Jose, muchas gracias por el comentario y perdoná la demora de mi respuesta. El caso me parece muy interesante como contraste al caso argentino del INDEC. Sin duda la situación en Chile — especialmente en el contraste entre el INE y el Banco Central — habla directamente a lo que va mi post. Como bien implicás, creo que si quisieramos enfrentar la situación del INE, debe ser por otro camino de intentar transformarlo en algo parecido al Banco Central (obviamente no sé mucho del caso). Pero que por lo menos en el INE, hay debate, y sus estadísticas no son tomados como algo “objetivo” que expresan “la verdad.” En cambio, podemos trabajar para mejorar la calidad del debate que se dan acerca de temas como el INE. Ahora, donde nosotros también tenemos que tener cuidado es en encontrar una forma de cuidar los datos sin clausura — y para eso yo todavía no tengo solución, solo planteo la problemática! Muchas gracias! Voy a mirar lo de Riles, creo que me lo habías mencionado antes.

  • marheredia  On April 29, 2013 at 11:30 am

    Hola a todos,

    El post de Nicolás tiene varias aristas y me parece que es un buen punto para repensar muchas de las cosas que analizamos en el blog. Agrego aquí algunas reflexiones medio desordenadas.

    1) Como alude Jose para Chile, la última intervención del INDEC no ha sido la primera polémica sobre las estadísticas en la Argentina. Puede decirse que cada modificación de las preguntas y la construcción de los índices (laborales, zonales, muestrales, entre otros) ha generado diferendos. Probablemente Hernán Otero o Claudia Daniel (dos de los investigadores que han estudiado el tema tengan más precisiones). En algún momento yo seguí las polémicas sobre la medición de la PEA femenina, la nomenclatura de las ocupaciones y el desempleo. Dicho esto, nada ha sido tan escandaloso ni con efectos públicos tan fuerte como la intervención sobre el IPC. Una pregunta interesante podría ser por qué, en este caso, la cuestión parece tan dramática.

    2) Me parece incorrecto “entregarles” las estadísticas a los economistas. Si bien es cierto que se trata de la más cuantitativa de las ciencias sociales, sería un gran error suponer que la ciencia política, la sociología, la criminología, la epidemeología, podemos construir interpretaciones y explicaciones sólidas sobre las sociedades modernas sin apelar al uso de estadísticas. Creo que esa es una de las distancias entre economía y ciencias sociales de las que tenemos que hacernos cargo. No sólo los economistas se acercaron a las ciencias naturales desde los años setenta, al menos en América Latina, las ciencias sociales nos hemos vuelto masivamente interpretativistas y hasta diría ignorantes o refractarias a las metodologías y los datos cuantitativos. Algo que me parece un error. La intervención del INDEC atañe directamente a los sociólogos que hacemos estudios sobre desigualdad social: básicamente no es posible medir con alguna confianza el salario real ni los niveles de pobreza e indigencia. También aquí me parece que hay interrogantes interesantes sobre la relación entre capitalismo, modernidad y ciencias sociales. Pareciera que de pronto las estadísticas son necesariamente racionalidad instrumental y que frente a eso solo queda el exotismo de lo autóctono y cualitativo. Caricaturizo, obviamente, pero me parece que algo de eso hay o por lo menos algo de eso aparece a veces en los discursos más “progres” argentinos, como si uno pudiera encarar la redistribución de la riqueza y la domesticación de los mercados y sus grandes ganadores sin tener cifras sobre ellos! Soy de los que creen que una de las críticas más implacables a la política económica de los noventa en la Argentina fue la publicación del 18% de desempleo en 1995.

    3) Me parece que hay dos definiciones de economistas en el texto. Una al principio, según la cual habría heterodoxos y ortodoxos y otra al final donde tendríamos economistas unificados y todopoderosos. Me parece que ambas caracterizaciones son insuficientes para comprender la discusión sobre la inflación en la Argentina de hoy. En primer lugar, la conducción económica en la Argentina está hoy MUY fracturada. Al menos entre el ministerio de economía (que casi no existe), la presidencia del Banco Central, la presidencia de la dirección impositiva, el ministro de obras y servicios públicos y el secretario de comercio (Moreno: una figura muy controvertida y que muy poco tiene de economista profesional). Fue éste último, con métodos totalmente patoteriles el que intervino el INDEC nacional y muchas de las direcciones provinciales. Con respecto a la posibilidad de que esta intervención se inscriba en una alternativa heterodoxa, me parece que la hipótesis tiene muy poco asidero. No conozco ningún heterodoxo (incluso entre los funcionarios del gobierno) que defienda este hecho. En la intervención misma, no hubo ningún intento de generar una alternativa al menos aparentemente razonable, sino simplemente un abuso de poder que destruyó gran parte de lo que encontró y que no sabe ahora cómo volver atrás. Personalmente creo que esta movida fortalece y no debilita a los economistas ortodoxos que están hoy masivamente fuera del estado. Por un lado, obliga a los particulares e incluso al gobierno a servirse de las cifras que ellos producen. Por el otro, les entrega la etiqueta de serios, modernos y moderados.

    4) Lo que es cierto es que la Argentina es una vez más un laboratorio interesante de observación: qué pasa, en un contexto que los actores definen masivamente como inflacionario, con la indexación de los contratos, la planificación de las inversiones, el ajuste micro de los precios, cuando no hay cifras confiables. Me da la sensación, por ejemplo, de que hay algo del carácter “nacional” de los precios relativos que se resiente. Pero esta me parece una pregunta de investigación super interesante.

    5) Me parece finalmente que lo que está en juego es nuestra definición de técnica y política y cuánto la despegamos del discurso nativo de los actores. Efectivamente en la Argentina hay una suerte de contrapunto recurrente entre el todo es política y el todo es técnica. Y para los primeros la técnica es parte del imperio y de los intereses inconfesables de los poderosos. Desde esta perspectiva, lo que domina es la pasión, el compromiso, el movimiento de las masas en la calle. Yo creo que esa es una de las formas de lo político que para perpetuarse necesita estabilizarse en dispositivos técnicos que perpetúen ciertos derechos y garanticen el acceso a los mismos: el contrato laboral, los ferrocarriles, los hospitales públicos, las asignaciones universales, no son menos “técnicas” que la tasa de interés o de inflación. Me parece que el contrapunto técnica-política es electoralmente productivo pero institucionalmente nefasto en la Argentina. Es en este punto donde concuerdo con Matías: no se trata solo de agitar y confrontar también de hacerlo en términos que al menos se acerquen un poco más al intercambio de argumentos para desembocar luego en una solución democrática y progresista.

    6) Finalmente, me parece muy interesante el tema de la “democratización” de las ciencias económicas. Qué quiere decir eso? Se me ocurren aquí algunas definiciones posibles:

    a. la solución Montesquieana. Creo que por un lado, la cuestión se juega por fuera de las ciencias económicas: los economistas se fortalecieron porque se debilitaron otros actores, yo creo que básicamente los espacios públicos y el aparato estatal. Parte de su debilitamiento pasó y pasa porque las alternativas (no necesariamente científicas ni económicas) aparezcan y se fortalezcan.

    b. la renovación heterodoxa: Creo que es importante que se precise un poco más qué quiere decir hoy heterodoxia, en un mundo muy distinto al que imaginaron Keynes y Prebisch. MI sensación es que la oposición con los noventa, les está resultando a los economistas de la generación actual más un obstáculo que un punto de partida. ¿Qué va a quedar dentro de las facultades de ciencias económicas latinoamericanas de este ciclo de izquierdización? ¿Qué en los aparatos estatales de gestión y coordinación económica? Me parece que Nicolás apunta bien al mirar el BCRA y yo diría también la restauración de los controles cambiarios “represivos” algo distinto a las prácticas de gubernamentalidad neoliberales.

    c. repensar la modernidad: Me parece que las otras sociales tienen que dejar de contentarse con colocar a los economistas como los enemigos del pueblo, sobre todo porque muchos de los abusos del capitalismo (por ejemplo, en la explotación de los commodities), se siguen perpetuando sin ellos. Y porque mucho de lo que les imputamos no tiene que ver con su carácter heterodoxo o ortodoxo sino con que metieron la mano en el juego del poder. Me parece que es hora de ver un poco más los dilemas que enfrentan y el modo en que los resuelven y el aporte práctico/performativo que pueden hacer otras disciplinas que por momentos parecen limitarse simplemente a celebrar públicamente los discursos oficiales.

    Perdón! Me parece que por momentos me pongo un poco virulenta.
    Super interesante leerlos y pensar con ustedes.

    La seguimos. Saludos, Mariana

    • nniicchhoollaass  On May 13, 2013 at 1:05 am

      Hola Mariana, ya hablamos por privado y repito acá para el resto de los compañeros que de hecho Mariana y yo estamos de acuerdo en casi todo. (Voy ordenando mis respuestas a tus puntos)…

      1) Agradezco los referentes a la politización de las estadísticas en otros momentos — no pretendo (ni creo que impacte mucho en el contenido del post) que este no sea el primer caso. Todos esos se tendría que ver, pero también todos van a ser distintos.

      2) Algo similar pasa con los estadísticas en otros ámbitos y otros campos (como la sociología). Por hablar de los economistas no quise “entregar” las estadísticas a los economistas. Es que mi pregunta surge desde un interés en el estudio de los economistas, no de las estadísticas — por eso el enfoque en los economistas. Seguramente van a haber otros casos de debate sobre estadísticas, y vale la comparación. Pero los análisis van a tener que ser distintos para cada campo. Un sociólogo no utiliza estadísticas de la misma manera que un economista. Y los ecologías de saberes en que existen van a ser distintos también. Y su relevancia para la política del estado. Así que tampoco podemos comparar estadísticas en estos campos sin pensar en como se ubican dentro de un campo de practicas más amplio. Y como espero que queda claro, no es que crea yo que no son importantes las estadísticas — de hecho, todo lo contrario, son demasiados importantes para quedarnos con o destruirlos o despolitizarlos. Cómo hacer ni uno ni el otro es algo que todavía no sé solucionar, pero va para el camino del debate publico (un debate en que juegan un papel los sociólogos y los economistas, pero sin poder decidir solo entre ellos). Esto es el cuestionamiento que hace Stengers (especialmente en su cosmopoltical proposal).

      3) muchas gracias — tenés toda la razón, el lenguaje “heterodoxos/ortodoxos” es muy crudo. Yo no voy a poder diferenciar más hasta que haga la investigación, pero parece que ustedes sí, y me encantaría saber más. Pero sí, entiendo bien que la intervención por Moreno no es el que harían los heterodoxos, y por la última mitad del post.

      4) Totalmente de acuerdo.

      5) Muy interesante el punto sobre el contrapunto técnica-política. Creo que ahí nosotros, como estudiantes de los dos, podemos ser útiles en mejorar la calidad del debate para que cosas como hayan pasado en el INDEC no sigan pasando, y también para que lo técnico no quede alejado de la política. Nosotros también tenemos que hacernos cargo de cuidar los datos, creo.

      6) No sé que quiere decir democratización — eso, otra vez, tomo de Stengers/Latour, pero lo considero algo bajo construcción todavía. Es eso que me gustaría seguir dialogando con la gente del blog. Las preguntas — en b) y c) especialmente, me parecen exactamente lo que tenemos que estar haciendo.

      Muchas gracias por la respuesta Mariana. Un placer dialogar aquí! -Nicholas

  • marianaluzzi  On April 30, 2013 at 2:16 pm

    Gracias Nicholas por un post que, como el anterior, despierta tantas y tan fértiles reacciones! Se me ocurren muchas cosas para decir, pero la primera es simplemente una constatación: hasta ahora -y celebro también por eso el proyecto que Ana Gross menciona en su comentario- ningún investigador local se había metido con el INDEC. Todos tenemos una clara posición tomada respecto de la intervención -en la inmensa mayoría de los casos muy crítica- pero nadie había osado hincar el diente en un tema candente como este desde el proyecto de un análisis más reposado (o todo lo reposado que se pueda). Que lo haga alguien “desde afuera” del campo académico local me parece más que sintomático.
    Dicho esto, hay varias cuestiones con las que coincido ampliamente con Mariana. En primer lugar, la disputa por el IPC no es la primera “querella por las estadísticas” que se produce en la Argentina. Para no irse mucho más atrás, la publicación de los datos de desempleo a mediados de los ’90, que recuerda Mariana, marcó otra coyuntura de fuerte disputa acerca de la producción pública de estadísticas, de lo que éstas medían y de quién las controlaba -o no. Creo que un rastreo como el que proponés ganaría mucho poniendo en serie estas disputas con otras anteriores.
    En segundo lugar, coincido también en que no deberíamos “regalar” las estadísticas y el saber sobre ellas a los economistas. Como también señala Mariana, sociólogos, politólogos, etc. también están involucrados (como productores, como usuarios, como aquellos que “las hacen hablar”) con los números públicos. Y más allá de qué ha pasado en las últimas décadas con los estilos de trabajo de los sociólogos argentinos -algo que también vale la pena revisar, creo que el propio conflicto que Nicholas quiere analizar lo demuestra. En 2007, las disputas que planteó la intervención no fueron protagonizadas sólo -ni mayoritariamente- por economistas, dado que los cuadros desplazados no se inscribían exclusivamente en ese campo.
    En este sentido, creo que la pregunta rectora sobre “cuidar las estadísticas” y sobre la relación entre estadísticas, poder político y democracia no debería ser una pregunta sobre los economistas. Aunque, en esa historia, los economistas tengan un papel protagónico.
    Finalmente, me gusta mucho el modo en que mostrás en el post el recorrido de tu idea. Sobre todo porque disiento mucho con el proyecto original (creo que la intervención del INDEC no se ajusta en absoluto a un proyecto de “democratización de las estadísticas”. En todo caso, ese fue un argumento construido ex-post -y que suscitó un escasísimo eco- por quienes intentaron justificar lo injustificable. De hecho, ninguno de los “economistas heterodoxos” del gobierno, empezando por el hoy viceministro de Economía, justificaron jamás la intervención ni aludieron a ella como una “democratización de las estadísticas”), pero me interesa muchísimo el modo en que lo estás reformulando.
    En fin, hay muchas cosas para seguir el intercambio. Que así sea!

    • nniicchhoollaass  On May 13, 2013 at 1:28 am

      Hola Mariana, muchas gracias. Un placer otra vez estar en dialogo con vos. Creo que contesté la mayoría de los puntos en mi respuesta a Mariana H., y no me voy a repetir en mucho.

      Solo reitero que no quiero entregarle las estadísticas a nadie, aun menos a los economistas! De hecho, quiero hacerlos nuestros también, aunque no solamente para que las usemos tal como lo usan la gente que hacen trabajo cuantitativo, sino que llevemos otras preguntas (Mariana pone un montón que son buenísimas en su numero 6) al mundo estadística. Las estadísticas son de todos!

      Y sí, que sigamos pensando juntos en como (y que quisiera decir) democratizar las estadísticas. Gracias otra vez. – Nicholas

  • joseossandon  On May 29, 2013 at 4:27 am

    hey Nicholas, te podrá interesar esto: http://www.metamute.org/editorial/lab/archivist-manifesto un muy interesante manifiesto pensando sobre el cuidado de los datos. slds, j.

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  • […] Una comisión experta acaba de determinar que el Censo de población realizado en Chile en 2012 debe realizarse de nuevo debido a múltiples faltas en el proceso. Una buena ocasión para recordar el post en este blog de Nicholas D’Avella sugiriendo un enfoque de investigación para enfrentar controversias similares en Argentina: “cuidar los datos”. […]

  • […] públicos legítimos. Espero con mi breve y limitado comentario contribuir positivamente a la discusión generada por Nicholas D’Avella meses atrás en Estudios de la Economía y poder seguir de este modo intercambiando ideas con investigadores interesados en el […]

  • By Feliz 2014 | Estudios de la Economía on January 6, 2014 at 11:21 pm

    […] y economización; periodismo y prensa económica; felicidad y racionalidad; mercados ilegales; estadísticas económicas, números y sus representaciones; biólogos y mercados, etnografía e informantes muy […]

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