Un ladrillo reflexivo

Hace unos días fue el lanzamiento del libro Adaptación. La empresa chilena después de Friedman editado por José Ossandón y Eugenio Tironi. La publicación de este volumen es un evento importante para estudiosdelaeconomía. Primero, porque, aparte del co-editor, el libro incluye capítulos escritos por otros seis contribuidores de este blog: Tomás Ariztía, Guy Boisier, Claudio Ramos, Antonio Stecher, Manuel Tironi y Tomás Undurraga. Segundo, porque Adaptación. La empresa chilena después de Friedman inicia en Ediciones UDP la colección “Estudios Sociales de la empresa y los mercados”, co-dirigida por Ossandón, Tironi y Miguel Vargas, que esperamos se constituirá en un importante vehículo para la difusión y discusión de nueva investigación empírica sobre estos temas. Abajo, en este mismo post, encontrarán: el índice y el capítulo de introducción de Adaptación; dos columnas de prensa escritas por los editores discutiendo el libro; y las reacciones de los dos comentaristas invitados al lanzamiento.

Reseñas, comentarios y críticas sobre el libro, como también, propuestas de nuevos títulos para la colección serán muy bienvenidas.

Índice, Capítulo introductorio, lista de autores de Adaptación. La empresa chilena después de Friedman: http://ciperchile.cl/pdfs/04-2013/Adelnto_libro.pdf

José Ossandón en CIPER: La tarea pendiente de estudiar las empresas:

“Ningún habitante del Chile de hoy puede permanecer indiferente a las empresas. No sólo la mayoría de nosotros trabajamos para alguna de estas organizaciones, sino que también compañías privadas administran nuestra salud, educación, transporte, carreteras, clubes deportivos y recursos naturales. Y, además, discutimos todo el tiempo sobre las ventajas y desventajas de tratar las restantes instituciones sociales – como el gobierno, la familia, o la iglesia- con los mismos conceptos y criterios utilizados para evaluar la acción empresarial. Pero, ¿qué es una empresa y cuáles son sus límites?, ¿qué decimos cuando decimos que otras instituciones se parecen o deberían comportar como una empresa? ¿qué sabemos sobre las compañías del país? y ¿dónde deberíamos buscar el conocimiento para responder este tipo de preguntas?…” http://ciperchile.cl/2013/04/26/la-tarea-pendiente-de-estudiar-de-verdad-a-las-empresas/

Eugenio Tironi en El Mercurio: Un antes y un después

“La acusación constitucional contra el ex ministro Beyer marca “un antes y un después”. En estos días se lo ha dicho hasta la saciedad. Se piensa en el quiebre de las relaciones Gobierno-oposición, y quizás sea cierto, pero en realidad el quiebre va muchísimo más lejos. Cuando los estudiantes salieron a las calles en 2011, y enarbolaron como consigna el “fin al lucro”, pareció ridículo. “Es absurdo -se decía-, cuando el afán de lucro es lo que mueve a toda la gente y a todas las cosas, incluyendo la provisión de un bien de consumo como la educación”. Hasta entonces toda la clase dirigente, sin excepción, lo habíamos tolerado sin escandalizarnos, aun cuando estaba prohibido para el caso de las universidades privadas: mirar para el lado -pensábamos- era el precio para alcanzar una masificación de la educación superior, la cual efectivamente se había obtenido y era fuente de orgullo. Por eso mismo, no resultó chocante para nadie cuando el nuevo gobierno instalado en 2010 eligió como ministros a figuras que eran o habían sido socios de universidades privadas que -por lo que se sospecha- no hacían ni hacen asco, ni conceptual ni prácticamente, a la idea de obtener de su inversión ganancias que fueran a abultar su patrimonio. Entre ellos estaba el propio ministro de Educación, quien seguramente fue elegido para el cargo por su experiencia como empresario de la educación. ¡Quién se iba a imaginar que, dos años después, este mismo gobierno estaría, ya no justificando o tolerando el lucro, sino alegando por no tener las suficientes atribuciones para combatirlo! Creo que si los estudiantes aún buscan evidencias de su triunfo, no encontrarán otra más resonante…. http://www.elmercurio.com/blogs/2013/04/23/11158/Un-antes-y-un-despues.aspx

Comentario Lanzamiento, Luis Larraín, Libertad & Desarrollo

“Cuando Gonzalo Arroyo, líder de los Cristianos por el Socialismo en la época de la Unidad Popular, volvió a Chile después de su exilio, formó un programa de MBA y los últimos años de su vida académica en la Universidad Alberto Hurtado los dedicó a la RSE. Cuando le pregunté por qué, me dijo que lo raro era que no se hubiese preocupado del tema antes, teniendo la pretensión de ser un intelectual. En eso la izquierda estaba un poco perdida en aquellos años, me confesó, pues la polarización y sobre ideologización los había llevado a ignorar, o a estigmatizar a un actor tan importante en el mundo moderno como es la empresa. Les cuento esto porque la primera reflexión que me nace luego de leer este libro es la importancia que desde la sociología y también desde el mundo de la izquierda (que no son lo mismo pero a veces se confunden) se comprenda mejor a la empresa. No quiero decir que todos  los autores sean de izquierda ni tampoco sociólogos, pero así como a Eugenio Tironi y José Ossandón les preocupa que la empresa no comprenda el entorno político en el que se desenvuelve, es preocupante también que mucha gente en la izquierda no comprenda a la empresa, dando así pie a la caricatura, la simplificación y la desconfianza. Un amigo político me dijo una vez, respecto a otro político, este es un pescado muy grande en la pecera como para que yo lo ignore. Lo mismo puede decirse de la empresa, para cualquiera que tenga la pretensión de mirar las cosas desde las ciencias sociales…. http://www.lyd.com/wp-content/uploads/2013/04/Comentario-La-Empresa-chilena-despu%C3%A9s-de-Friedman.pdf

Comentario Lanzamiento, Claudio Fuentes, ICSO-UDP

“No entiendo muy bien por qué estoy aquí. No soy ni sociólogo, ni empresario. Trataré de realizar mi mejor intento al comentar un libro difícil, pues tiene 14 posibles entradas, al contener 14 capítulos producidos por 18 autores. Agradezco a sus editores la oportunidad de comentar este libro. Sinceramente felicito a sus colaboradores en este megaesfuerzo. Los felicito porque se trata de un volumen que combina riqueza descriptiva y analítica. Combina disciplinas y enfoques metodológicos. Pero lo hacen a partir de una interrogante común y fundamental: ¿Cómo la empresa se adaptó al nuevo escenario post Friedman? El volumen sugiere cuatro grandes dimensiones: el estudio de la cartografía de la élite corporativa en Chile; su evolución histórica-diacrónica;  el análisis de las ideas y círculos culturales del capitalismo chileno; y el estudio empírico algunos temas y sectores. Cierra el círculo el siempre provocativo Eugenio Tironi. El libro constituye una mina de ideas y agendas de investigación. Al cerrar el libro quedé con esa impresión de lo poco que sabemos y lo mucho que nos queda por explorar y entender. Debo reconocer el placer culpable que sentí de ver menos economistas y más personas vinculadas a otras ramas de la ciencia social estudiando la empresa.  Entonces, mi recomendación es: Compren el libro.

El volumen me provocó tres tipos de reflexiones. Sobre la adaptación; sobre el poder y, sobre la ética.

Sobre la adaptación.

Para realizar mi primera reflexión distinguiré entre adaptación y mutación. El camaleón, al enfrentar un escenario de riesgo se adapta. Adecúa algunos elementos básicos de su apariencia pero su estructura, su esencia, sigue siendo la de un camaleón. En cambio la oruga muta y se transforma en Mariposa. Su esencia se transforma, pasa a convertirse en otra cosa.

El comportamiento de las grandes empresas se acerca mucho más a un camaleón que a una mariposa. Parece ser que ellas se adaptaron, pero no se transformaron. ¿Pero de qué tipo de adaptación hablamos?

•             Erica Salvaj muestra cómo desde 1970 a 2005 el cambio en la composición de los directorios no afectó ni su cohesión ni su unidad ni su perfil sociodemográfico. Hubo cambios en las normas de gobierno corporativo; ingresaron importantes multinacionales al país; pero nada de esto modificó la estructura o red de los directorios en Chile. Ni el cambio en el medioambiente político ni el cambio institucional afectaron la esencia del camaleón. En 1970 la presencia de mujeres en directorios era de 0,85%. En 2005 llegó al 3%. La estructura parece inmune a transformaciones sociales relevantes ocurridas 35 o 40 años.

•             Antonio Stecher en su interesante capítulo sobre el Retail nos revela precisamente lo mismo. El sector creció, incorporó técnicas del New Managment, se diversificó, incluso se internacionalizó. Pero su estructura continuó siendo la misma: jerárquica, piramidal, con controles autoritarios, y con trabajadores de baja calificación y bajos salarios. “Un modelo donde es difícil conseguir identificación del trabajador con la empresa pues trabajan largas horas, por salarios menores a dos sueldos mínimos, que están sometidos a controles de tipo autoritario, y a una protocolización cuasitaylorista de su comportamiento”.

•             Guy Boisier nos explica cómo la industria del Salmón, pese a la serie crisis que enfrentó, no ha sido capaz de reinventarse para incorporar actividades de Investigación, desarrollo e innovación a fin de reducir riesgos.

Entonces, ¿De qué tipo de adaptación estamos hablando si la gran empresa mantiene una alta concentración y homogeneidad pese a las trasformaciones en la relevancia de los sectores? ¿De qué tipo de adaptación hablamos si, tal como Ramos lo expresa, la cultura organizacional interna de la empresa mantiene un grado de uniformidad extrema, de escasa diversidad, de alto verticalismo y una gestión fuertemente autoritaria?

La adaptación destacada por Eugenio Tironi en las conclusiones (que en un lapsus de optimismo el mismo define como “mutación” p. 400) en mi opinión parece ser más un acomodo tímido a contextos sociales cambiantes. Eugenio habla de un despliegue de cambios o mutaciones en varias dimensiones: elección de directorios por head-hunters, contratación de consultores con “habilidades blandas”; la “autorregulación” a partir de las presiones de las comunidades; la incorporación de I&D y los cursos de capacitación para ejecutivos de grandes empresas. La lectura de los capítulos me llevó a concluir que la naturaleza de estas adaptaciones materiales son pálidos movimientos en relación a las inercias estructurales descritas precisamente en el volumen.

Sobre el poder

El sesgo de este libro—reconocido hidalgamente por los editores—es sociológico, y particularmente en el campo de la sociología de la empresa. Y como el objeto de estudio es la empresa, la interrogante es cómo ella se amolda a un contexto democrático y de globalización. Me pregunto si acaso no será una relación inversa: que el sistema político y la globalización se adapten, se acomoden a las condicionantes del “capitalismo flexible” que nos ilustra Echeverría en su artículo. En relación al contexto de globalización, varios autores destacan la penetración de multinacionales en Chile. Aquello, según esta lógica “adaptativa”, debiese incidir en que las empresas chilenas, que la élite empresarial se adapte—asuma otros patrones más globales. Sin embargo, Salvaj convincentemente nos demuestra que aquello no ocurre. ¿Pero por qué no ocurre? La literatura interesada en el comportamiento de las multinacionales nos ilustra que son las MNC las que se adaptan a los patrones locales y no a la inversa. Una minera canadiense es más probable que se asemeje más a sus contrapartes locales que a las estructuras de la casa matriz.

En relación al vínculo entre empresa y democracia, el supuesto es que las grandes empresas reaccionan y se adaptan ya sea a las demandas del Estado o a las presiones locales de comunidades. En su conclusión, Tironi sostiene que la empresa se adaptaría al rol del Estado a partir de procesos de “autorregulación” y en relación a los otros actores sociales, a partir de un reconocimiento de ellos como Stakeholders, “otorgándoles un lugar cada vez más prominente no solo en las memorias y discursos corporativos sino en el diseño de las estrategias empresariales”.

Creo que Eugenio sostiene una visión algo ingenua de la relación gran empresa-política. Mi impresión es que el alto nivel de concentración económica, el estado salvaje en la estructura de financiamiento de la política y la ausencia de regulaciones al sector privado al inicio de la transición impusieron la necesidad de los actores políticos de adaptarse a esta nueva relación de poder. De nuevo, es el sistema político el que debe adaptarse a una relación altamente desfavorable en términos del balance de poder.  Si el 80% del financiamiento de la política depende del gran empresariado, quien debe adaptarse (quien debe golpear las puertas) no es el empresariado, sino que son los actores políticos. Esta circunstancia evidentemente delimita el marco de posibilidades para los propios actores políticos. Esta desigualdad de poder se hace mucho más evidente en la relación directa Gran empresa-comunidades y/o consumidores. Los actores sociales, los ambientalistas, las comunidades locales poseen capacidades, y recursos de incidencia infinitamente menores que una empresa. La asimetría de información entre uno y otro es brutal. Entonces, cuando hablamos de stakeholders debemos incorporar precisamente en nuestros análisis aquel diferencial de poder. Pensemos en casos emblemáticos de incidencia como la reforma a la ley de Pesca, ley de Aguas, Carretera Eléctrica, TV digital, Telefonía móvil, ley de Isapres, o el actual proyecto sobre reforestación.

Pero un elemento no tratado en este volumen se refiere a la fuerte capacidad del gran empresariado de navegar las aguas del sistema político. Entonces donde sí advierto adaptación es en la capacidad de incidencia del gran empresariado. Y ésta se ha sofisticado. El gran empresariado desarrolló centros de pensamiento que han diseñado y orientado decisivamente ciertas políticas públicas; ha financiado campañas; ha cooptado actores políticos; ha desarrollado capacidades propias de influencia en el Congreso produciendo conocimiento legal; ha establecido mecanismos informales de influencia en el proceso político a partir de la unidad y no dispersión de las voluntades de los grandes sectores productivos en la CPC.

Entonces, si el libro era acerca de la adaptación de la empresa a la democracia y la globalización; eché de menos la mirada política (de poder) en la relación empresa-democracia. Eugenio, escribamos el libro que falta, del lobby empresarial en el sistema político.

Sobre la ética

Insistiré con pegarle a Tironi. En la conclusión,  habla de una exitosa adaptación material empujada por el propio sistema político al modificar las reglas institucionales. Hasta aquí, advierto, basado en la lectura de los capítulos, que la adaptación es más retórica que “material”; Advierto también que los propios empresarios han contribuido sustantivamente a definir las reglas que los regulan. No advierto la mutación que el más optimista Tironi señala en la pagina 400. Pero Tironi va más allá pues señala que el déficit de la adaptación de la empresa chilena no es de orden material, sino que intelectual o narrativo. Nos dice que “el mundo empresarial chileno no ha actualizado su propia justificación”. Dice que en el pasado los empresarios han hecho suyas las nociones de bien común, de justicia. Sostiene que ese relato es importante para fundar una nueva legitimidad social.

Discrepo con el argumento de Eugenio. Primero, porque considero que no es posible construir un relato, una legitimidad social, si no es coherente con el orden material de las cosas. La Legitimidad de la empresa en Chile no puede ser construida en base a la Justicia, porque en la percepción social dominante la distribución de los recursos y oportunidades no es justo. Tampoco puede hacerlo en un sentido de contribución al bien común; porque la materialidad del sector privado no responde al bien común en áreas tan disímiles como la Educación, Salud, servicios, energía, explotación de recursos naturales. Los casos de La Polar, Farmacias, precios de medicamentos en Isapres, concesiones pesqueras, propiedad del agua, Universidades privadas, son todos casos de empresarios que van contra el bien común.

Entonces, sostengo que si hay un relato que falta es el de la Etica capitalista. Thumala nos ilustra de los dos dispositivos justificativos del empresariado local: el saber técnico y moral—la noción que la acumulación de riqueza produce desarrollo; y el de la vocación emprendedora individual como un valor social. A esta lógica se contrapone otra, muy distinta, lo que se denomina capitalismo consciente. La cadena Whole food no solo no compra café que no cumple con ciertos estándares; sino que esa empresa busca intervenir en ese mercado para modificar la conducta de los productores de café. Abstenerse de comprar no sería la solución ética, sino que el empresario tendría un deber ético de intentar modificar el ambiente en que se producen los productos, en lo que Ariztía y Melero llaman la cadena de valor de un producto.

Y esto nos lleva a la discusión mucho más sustantiva y que hoy enfrentamos a diario en nuestra sociedad: la ética del capitalismo. ¿Resulta ético lucrar (obtener excedentes) con bienes públicos como la educación, la salud, las pensiones cuando quienes lo consumen no tienen otra opción para asegurar sus vidas? ¿Podemos imponer límites éticos a este impulso que parece instintivo de acumulación? ¿Debemos como sociedad aceptar que se socialicen los riesgos, y se privaticen los beneficios? Weber sostenía que el espíritu del capitalismo se basaba en la adquisición de riquezas por ellas mismas. El empresario busca el enriquecimiento por sí mismo. El límite ético a esta actitud vital inexorable está dado por la existencia de ciertas reglas sociales/morales que penalizarían la estafa, la malversación, el nepotismo, la corrupción.

En un sistema capitalista donde las fuerzas del egoísmo parecen prevalecer, donde la maximización de la ganancia es la norma; es el estado quien asume el rol regulador, establece el límite de lo posible, de lo tolerable. Penaliza el monopolio, castiga el abuso, controla la estafa. La dificultad es doble: establecer el límite de lo que como sociedad podemos tolerar; y evitar la influencia del poderoso en las reglas que se terminan imponiendo. Me gustan los libros que me motivan a reflexionar; que me provocan; y sin duda este volumen cumplió ampliamente mis expectativas. Muchas gracias.”

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