Reseña: “Las sospechas del dinero. Moral y economía en la vida popular”

Portada Sospechas del DineroA contramano de las interpretaciones habituales, Las sospechas del dinero. Moral y economía en la vida popular (Ariel Wilkis, Paidos, Buenos Aires, 2013), parte de constatar el lugar central que ocupa el dinero en la vida personal y colectiva de los sectores populares de la periferia de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina). Esta afirmación desafía las visiones corrientes que ven a dichos sectores ya sea como desmonetizados, o (complementariamente) como corroídos por la presencia siempre sospechada del dinero en sus manos. Sin embargo, nos dice Ariel Wilkis, la creciente financiarización formal e informal de los barrios relegados del conurbano bonaerense no es más que la expresión local de un fenómeno mucho más amplio dentro de América latina, que ubica a la economía popular en un lugar clave de la dinámica económica contemporánea. Mercados populares como La Salada (Buenos Aires), Tepito (México DF) o El Alto (La Paz), en cuyos pasillos precarios vibran al unísono esperanzas de ganancia y de consumo, son al mismo tiempo nodos de una circulación mundial de mercancías y de personas. Pero en ese entramado conviven también grandes cadenas de comercio, bancos, agencias financieras y compañías de tarjetas de crédito, todos los cuales se han convertido progresivamente en un pasaporte al consumo para clases que históricamente habían sido excluidas del acceso a los créditos. Sin embargo, estos son sólo algunas de las fuentes de monetización de los barrios marginales. Junto a ellas se encuentran transferencias estatales, dinero proveniente de la política, préstamos familiares o de confianza, donaciones y ganancias de trabajos lícitios e ilícitos, los cuales son otras tantas modalidades igualmente presentes por las que el dinero ingresa y circula en distintas intensidades dentro de los barrios, formando entramados y configuraciones monetarias que complejizan las presunciones tanto populistas (que ven aquello de lo que estarían exentos) cuanto miserabilistas (que marcan lo que les haría falta) que han predominado en relación a la economía popular (Weber, 2009).

Pero esto sólo es una primera constatación que llevará a Wilkis a una elaboración mucho más profunda, que desborda lo estrictamente económico. En efecto, cada una de aquellas modalidades es presentada como una pieza en la que se anudan disputas, afectos y jerarquizaciones que permiten o inhiben la circulación monetaria. Esto, señala Wilkis, plantea un reto para una vieja tradición en Occidente según la cual el dinero sólo constituiría un elemento corrosivo de las relaciones sociales, a la manera de un ácido de la vida social. Aún hoy, desde la literatura, el periodismo y las ciencias sociales, se observa con desconfianza la presencia del dinero en ámbitos tan variados como el de la política (la vida pública) y el de las relaciones familiares (la intimidad), especialmente para el caso de los pobres. Esta sospecha es crucial para reforzar una posición subalterna frente a las maneras dominantes de definir virtudes como el prestigio, el esfuerzo, el mérito o la justicia. Pero por eso mismo es también una visión parcial del asunto. Retomando los trabajos de Viviana Zelizer (2011) y la perspectiva de Marcel Mauss (2009), Wilkis se propone reconstruir (con éxito) un cuadro total del dinero al mostrar cómo, con y por él, se conectan cada una de las dimensiones de la vida de personal y colectiva los sectores populares. En efecto, a partir de un amplio trabajo sobre la realidad concreta del dinero, logra desdibujar los mundos hostiles de la racionalidad y la afectividad (Zelizer, 2009) y observar cómo aquel le da expresión y visibilidad a parte de los afectos y conecta la experiencia personal con las dimensiones sociales, económicas y políticas en las que está inmerso.

En este sentido, Las sospechas… se inserta en una serie de trabajos que desde hace varios años han venido complejizando la mirada sobre el dinero, al abordarlo como un objeto de investigación elocuente por la trama de relaciones en las que participa[i]. A la clásica definición que lo restringía a ser un objeto neutral y técnico para cumplir determinadas funciones –medio de intercambio, unidad de cuenta, reserva de valor y medio de pago–, se le ha opuesto abordajes que incorporan una rica variedad de aristas que van desde los diversos marcajes morales de los que es objeto (Zelizer, 2011) hasta las dimensiones simbólicas y políticas que lo constituyen y que hacen de él un objeto sociológico de gran relevancia para comprender la dinámica económica contemporánea (Théret, 2008).

Sin embargo, Las sospechas… nos propone un trabajo más vasto: el de reconstruir, a través de la polifonía del dinero, esa realidad total por la que atraviesa, constituyendo así una puerta de ingreso novedosa y sumamente elocuente del mundo popular. Al circular por relaciones mercantiles, políticas, religiosas, familiares, amorosas, lícitas e ilícitas, es decir, por la totalidad de la vida de las personas, el dinero actúa como un hilo conductor inigualable para restituir, junto a sus usos múltiples, las valoraciones heterogéneas y contradictorias que se ponen en juego en cada una de esas dimensiones de la vida social.

A través de lo que propone como una sociología moral del dinero, Wilkis talla las piezas de un rompecabezas que permite reconstruir dichas valoraciones y las tensiones, conflictos y dilemas que los hechos monetarios ponen en escena en cada uno de los circuitos por los que fluye. Para esto se vale del concepto de capital moral, el cual le permite dar cuenta de cómo las personas miden, comparan y evalúan constantemente virtudes morales propias y ajenas a partir de las cuales el dinero puede circular o no. Provisto de este medio conceptual, transcurre el mundo de los dominados relevando las diferencias, antagonismos, competencias y jerarquizaciones que allí operan y cómo el dinero circula o deja de circular a la par que se prueban las virtudes morales y se lucha por acumular dicho capital. Ser “pagador”, “leal”, “cumplidor”, “respetable”, “generoso”, “trabajador” o, por el contrario, “avaro”, “desleal”, “incumplidor” o “vago”, nos dice, son juicios morales que se hallan en juego y que expresan fronteras que habilitan o prohíben la circulación monetaria. En efecto, el dinero no sólo no se presenta como un medio de fungibilidad universal, idéntico a sí mismo y para todos los usos, sino que, recuperando la tradición durkheimiana, el autor pone de manifiesto el potencial que posee para constituirse en un gran clasificador de personas y de cosas, y de ahí el carácter moral que lo atraviesa. En tanto las connotaciones negativas y positivas de los usos en manos de determinados agentes conllevan evaluaciones morales, su presencia puede convertirse tanto en símbolo (siempre en disputa) de virtud cuanto de estigma. En definitiva, la propuesta del libro es dar cuenta del lugar que ocupa el dinero como un esquema de percepción y de apreciación de las personas y de sus estatus en el mundo social, lo que lo conecta directamente con los órdenes sociales por los que circula. Aspiraciones y sentimientos personales se entremezclan así con tramas más amplias de la vida social a través del dinero. Moral y economía, como marca el subtítulo, constituyen dos caras indisociables de ese entramado.

A partir de un trabajo etnográfico realizado entre los años 2006 y 2010 en barrios periféricos del conurbano bonaerense, e incorporando diversas investigaciones previas y posteriores que dan una densidad  y contundencia empírica considerable, el libro se va armando como piezas de un rompecabezas. Cada capítulo reconstruye litigios por definir las fronteras morales que habilitan o prohíben la circulación del dinero en distintos ámbitos de la vida de los sectores populares. Fiel a la idea de que el dinero es marcado socialmente, los capítulos se dividen según la significación social del mismo, desafiando en cada caso la interpretación parcial que sólo ve en él un elemento de sospecha. Cada una de las piezas del dinero pone a prueba a las personas y sus vínculos sociales. Se trata, en efecto, de mostrar las distintas formas de antagonismo moral que implica su presencia en los diversos ámbitos de la vida individual y colectiva de los sectores populares.

El capítulo 1 (El dinero donado) se interna etnográficamente en los encuentros entre vendedores y compradores de revistas de la calle, los trabajadores de una cooperativa de recolección de residuos y los vecinos del barrio en el que se desempeñan, y una voluntaria de Cáritas y receptores de planes sociales. A través de las especificidades de cada una de estas circunstancias, Wilkis explora la economía de la donación (que implica el reconocimiento de quienes lo reciben como necesitados) y revela los regímenes heterogéneos de opiniones y de sentimientos a partir de los cuales ese dinero es un objeto controvertido que incluso puede ser rechazado. Al expresar las razones por las que las personas creen que alguien puede o no puede recibir dinero, están al mismo tiempo expresando sus concepciones sobre el mérito, la justicia, la desigualdad, la igualdad y, por este medio (moral), lo que piensan y sienten sobre la integración al orden social.

En el capítulo 2 (El dinero militado), el autor indaga otra de las fuentes de monetización de los sectores populares al recorrer la vida política de los barrios relegados. Lugar de sospecha por excelencia a través de la categoría de clientelismo político, el dinero es mostrado allí como un articulador extraordinario de la sociabilidad política popular al reforzar las lealtades, compromisos, obligaciones y aspiraciones tanto de dirigentes cuanto de militantes.

Junto a ese dinero militado, se erige otro universo que parece confrontarlo: aquel en el que el dinero es negado. Mediante un grupo de voluntarias de una parroquia, el capítulo 3 nos muestra los vínculos que se establecen entre la religiosidad popular y el dinero (sacrificado esta vez), las condiciones de su aceptación y de su rechazo. Esto le permite al mismo tiempo realizar una confrontación con la pieza de dinero previa, al mostrar no sólo los antagonismos al interior de cada uno de estos registros, sino también los que se establecen entre ellos.

El capítulo 4 aborda el dinero ganado, el cual no se presenta como un dato natural para la visión parcial que sospecha del dinero de los pobres. Wilkis muestra que, en estos sectores, la intensidad del comercio reside en organizar y expresar la legitimidad de su ganancia, confrontada siempre a la condena que recae sobre la economía informal que los atraviesa. A través de los pequeños comerciantes de las villas, vendedores en ferias populares y protagonistas de la economía ilícita, el autor rastrea las fronteras morales que circunscriben las expectativas y deseos de ganancia de los mismos. Al impugnar los medios y las modalidades por las que dichos sectores obtienen ganancias, se refuerza la condena que recae sobre ellos y sus economías y, junto con estas, las aspiraciones y deseos de una vida mejor.

Pero el dinero no sólo circula en la vida pública, sino que también mantiene un recorrido central en la vida familiar. De esta pieza trata el capítulo 5 (El dinero cuidado) mediante tres historias familiares que reflejan algunas de las vinculaciones que se establecen entre afectos y economía doméstica, especialmente a través de los valores que los padres tratan de inculcarles a los hijos. El autor nos muestra que el cuidado del dinero no es sólo una valoración económica del mismo, sino principalmente moral que permite la reproducción afectiva y material de la unidad familiar.

Finalmente, el capítulo 6 trata del lugar del endeudamiento en la vida popular. Wilkis despliega un conjunto de situaciones que van desde los fiados en los negocios del barrio hasta los préstamos familiares y los créditos de entidades financieras. A través de todas ellas da cuenta del lugar preponderante que ocupa el dinero prestado en la vida de las personas con las que interactúa. Una vez más, los litigios morales están en el centro de las indagaciones de este capítulo al mostrar cómo emergen a la hora de definir a quién y bajo qué condiciones puede prestársele dinero y cuál es el impacto de las deudas impagas sobre las distinciones y jerarquizaciones morales.

Lejos de tratarse de compartimentos estancos, cada capítulo se haya unido (porque así lo está en la circulación concreta del dinero) a todos los demás por los cruces y puentes que entrelazan las diversas dimensiones que conforman esa imagen total que el autor se había propuesto alcanzar. En este sentido, el dinero le permite reconectar distintos fragmentos de la vida individual y colectiva que se anudan en los litigios, pero también en la integración que produce el dinero. Por esto, la visión total que propone Wilkis no es sólo del orden de los distintos escenarios (económicos, políticos, religiosos, familiares, vecinales, etc.) que conviven y se entrecruzan en la vida cotidiana de los barrios marginados, sino que presenta un significado adicional al mostrar los conflictos y armonías que el dinero habilita o no en cada uno de esos escenarios. Es en este doble sentido que el libro puede considerarse un libro total.

Pablo Figueiro

Bibliografía

Zelizer, Viviana (2011): “El significado social del dinero”. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

de Blic, Damien y Lazarus, Jeanne (2007): “Sociologie de l’argent”. La Decouverte, París.

Mauss, Marcel (2009): “Ensayo sobre el don”. Katz Ediciones, Buenos Aires.

Maurer, Bill (2006): “The Antrhopology of Money”, Annual Review of Antrhopology, vol. 35.

Dufy, Caroline y Weber, Florence (2009): Más allá de la Gran División. Sociología, economía y etnografía, Buenos Aires, Antropofagia.

Blanc, Jerome (2009): “Usages de l’argent et pratiques monétaires”, en Steiner, Philippe y Vatin, Francoise, Traité de sociologie économique, París, Presses Universitaries de France.

Zelizer, Viviana (2009): “La negociación de la intimidad”. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Weber, Florence (2009): “Transacciones económicas y relaciones personales. Una etnografía después de la Gran División”, en Crítica en Desarrollo, N° 2, pp. 63-91.

Théret, Bruno (2008): “Os três estados da moeda. Abordagem interdisciplinar do fato monetário”, en Economia e Sociedad, Campinas, Vol. 17, N° 1(32), pp. 1-28.


[i] Para un relevamiento crítico de la bibliografía sobre el tema, puede consultarse Maurer (2006), de Blic y Lazarus (2007), Dufy y Weber (2009) y Blanc (2009).

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Comments

  • joseossandon  On September 5, 2013 at 1:54 pm

    Muy completa reseña Pablo, gracias! Una pregunta. Más allá de tu simpatía con el trabajo de Ariel (y bueno de tenerlo ahí de colega!) me quedaron las ganas de saber más sobre tu opinión de qué problemas o limitaciones que encontraste en la aproximación desarrollada en el libro y, quizás más conectado con tu propio trabajo, ¿qué tipo de desafíos el libro abre pero no termina de responder y quedan abiertos para futuros estudios? Cordialmente,

  • pfigueiro  On September 9, 2013 at 9:29 am

    Me parece que el texto logra bien su objetivo al presentar una visión no fragmentaria del mundo popular y de la importancia del dinero en ese universo. En este sentido posibilita un análisis más completo sobre su lugar en la vida de las personas y, al mismo tiempo, de la continuidad que existe entre las diversas dimensiones de esas vidas. Pero esto abre el interrogante acerca del lugar subordinado que esas vidas ocupan en las sociedades latinoamericanas. Como se desprende del libro, a través del dinero también circula la dominación, lo cual se ve claramente en el caso de los créditos no bancarizados y las situaciones de deuda, pero también más sutilmente en las donaciones. Justamente por eso adquiere importancia un tipo de capital moral. Lo que restaría sería ver cómo se conecta esa situación con cuestiones más globales como la democracia y la acumulación y bajo qué condiciones se realizan, reproduciendo y profundizando formas de integración subordinadas bajo mecanismos que no dejan de ser frágiles, como se vio en el caso de las subprime. Me parece que el libro sienta las bases para un trabajo de ese tipo al mostrar que el dinero en sí mismo no corroe la vida social, como se pensaba. Habría que ver cuáles son los mecanismos que, al hacer circular el dinero bajo determinadas condiciones más o menos institucionalizadas, la dominan.

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