Diálogos sobre sociología económica en el Cono Sur: Tradiciones, novedades, desafíos

Porto Alegre 2Entre el 19 y el 21 de marzo de este año, el grupo de Antropología da Economía e da Política de la Universidad Federal de Rio Grande do Sur[i] nos invitó a Ariel Wilkis y a mi a compartir tres intensas jornadas de trabajo con los estudiantes de posgrado y los profesores de la casa. Además de una forma de agradecimiento a la calidez con la que nos trataron, esta crónica ensaya una reflexión sobre la regionalización de los estudios sociales de la economía en el Cono Sur, sobre las particularidades nacionales de este campo en Chile, Brasil y Argentina y los desafíos conjuntos que enfrentamos.

Como bien lo muestra este encuentro, la regionalización reciente de nuestros trabajos retiene muchas de las características del diálogo entre colegas de las ciencias sociales provenientes de países distintos iniciado en los años 1950 y presenta algunas notas distintivas. Como en ese entonces, muchos de los intercambios comenzaron y siguieron en las grandes metrópolis europeas o norteamericanas. Para algunos de nosotros, Nueva York, París o Londres fueron la primera ocasión para que entabláramos un diálogo más duradero con colegas-amigos que, si bien eran originarios de espacios cercanos geográficamente, no habíamos tenido ocasión de conocer dentro el continente. Del mismo modo que en aquellos años, algunas de las instituciones regionales de las ciencias sociales, la CEPAL, FLACSO, CLACSO[ii] y los congresos de las distintas asociaciones fueron otra oportunidad para cruzarnos con ciertos referentes, identificar algunos temas y debates, instaurar un contacto, en general coyuntural e intermitente, con colegas de otros países. Lo novedoso es tal vez, y la experiencia de estos días así lo indica, que las universidades han reconquistado cierta centralidad como espacios de trabajo y de intercambio que habían perdido durante la dictadura. Ciertamente, las ciencias sociales en Brasil y en México atravesaron de un modo diferente la violencia política de los años setenta y supieron preservar y hasta expandir el sistema universitario en contextos no necesariamente democráticos. Para Argentina, Chile y Uruguay, en cambio, que sean las universidades las que respaldan nuestros nombres, obtienen recursos para nuestros desplazamientos, enmarcan el intercambio de estudiantes y profesores es una novedad[iii]. Me da la sensación de que esta nueva centralidad de las universidades es una muy buena noticia. Por un lado, permite que estudiantes y profesores que permanecen en el continente puedan acceder a intercambios y visibilidades que se reservaban antes a los que peregrinaban a tierras más lejanas. Por otra parte, contribuye a construir un diálogo más simétrico y sin mediaciones entre los académicos latinoamericanos. Finalmente, si pueden repetirse en el tiempo y respaldarse con recursos, estos encuentros habilitan que las redes y los proyectos conjuntos nutran los desarrollos intelectuales de los distintos países.

Porto Alegre 1
Las continuidades y novedades no son solo institucionales sino que expresan un modo muy afín de entender y practicar las ciencias sociales. El hecho de que estemos todos equidistantes a los centros académicos canónicos nos invita al eclecticismo. En el encuentro de Puerto Alegre, se citaron autores norteamericanos, franceses, latinoamericanos, asiáticos y todos nos sentíamos habilitados a movilizar aportes que en el centro se desconocen o que pocas veces dialogan allí entre ellos. Esta suerte de triangulación intelectual es un sello de origen del pensamiento latinoamericano. La novedad es que acceder a estas fuentes es hoy mucho más fácil porque las nuevas tecnologías y la consolidación de las bibliotecas universitarias democratizaron textos que antes solo habitaban las bibliotecas privadas. Otra continuidad expandida es la maravillosa combinación entre rigor y convivialidad. Si algo expresaban las distintas contribuciones del encuentro de Puerto Alegre es el compromiso de sus participantes en la construcción de conocimiento sólido, teórica y empíricamente fundado, respetuoso de sus objetos de estudio y de las reglas profesionales (en la presentación de las ideas, en el manejo de los tiempos, en la formulación de los comentarios) vigentes en el mundo. Esto, que en su momento se reservó a los centros y círculos más elitistas de la región, parece estarse tornando un modo de practicar las ciencias sociales cada vez más generalizado. Y lo interesante es que la exigencia no se acompañó del encierro, el acartonamiento y el individualismo extremo que a veces se sufren en el centro. El llamado a objetos socialmente pertinentes, la horizontalidad respetuosa, la experiencia fraterna y apasionada de los participantes de Porto Alegre mostraban que nos sentimos parte de una empresa colectiva y que el entusiasmo se contagia y se retroalimenta. Para los que sufrimos alternativamente de la agresividad de los críticos o de la desidia condescendiente de los autómatas de la academia, encontrar un tono de enunciación que pudiera ser escuchado, que expresara comentarios agudos pero constructivos era un gran desafío. Escuchando las reflexiones de Mariana Cavalcati, Lucía Müller, Fernando Rabossi y Ariel Wilkis me da la sensación de que ese tono de enunciación se está construyendo y me alegra ser parte de esa confluencia.

Los encuentros, como los que mantuvimos en Chile y ahora en Brasil, también hacen más evidentes las trayectorias e intereses diferentes de nuestros países. En la medida en que las ciencias sociales son tributarias de su tiempo y espacio, está claro que la integración internacional y regional no anulan la fuerte influencia de las comunidades nacionales. Peter Wagner tiene para mí la mejor propuesta para analizar de qué modo las formas estatales inciden en las formas de saber social[iv]. Este autor distingue tres grandes dimensiones: las problemáticas atendidas por las ciencias sociales, las tradiciones intelectuales nacionales, la conformación de los campos y las prácticas académicas. Visto desde Argentina, Chile es un ejemplo claro de integración a las pautas de enunciación y consagración predominantes en el mundo anglosajón. Brasil, en el otro polo, un mundo académico más ecléctico y auto-centrado. La Argentina se me presenta como un mosaico de prácticas muchas veces segmentadas pero donde la coyuntura política sigue teniendo una influencia fuertísima en las actividades y los temas tratados por las ciencias sociales. Seguramente la escala demográfica, las identidades nacionales, la historia intelectual y las políticas académicas inciden en estas configuraciones, es interesante pensar cómo esas diferencias pueden nutrirse mutuamente.

Personalmente, una de las experiencias más lindas del encuentro, y de aquello que me gustaría que seamos capaces de desarrollar en Argentina mirando a Brasil, es la diversidad de objetos. En el seminario de Puerto Alegre, desfilaron el mercado de las funerarias, las redes contraculturales de músicos y sus giras, el movimiento de ciclistas contra la hegemonía de los automóviles, los recursos exorbitantes destinados a las fiestas de casamiento, la nacionalización de las ojotas havaianas, la terciarización de la vida personal con el arsenal de asistentes personales (los personal trainers, diet, organizers, etc), la reorganización arquitectónica de los estadios de fútbol, la construcción de la clase media emergente, la difusión de la filantropía, entre muchas otras contribuciones apasionantes. En casi todo los casos, y de ahí el nombre del encuentro, se trataba de problemáticas en la frontera de la economía y la política. La mayor parte de los estudios se focalizaban en la creación de mercados (actores, productos, circuitos) de mercancías poco convencionales. A través del abordaje minucioso y profundamente humano que permite la etnografía, la mayor parte de las investigaciones puso de manifiesto la tensión entre acciones estratégicas y desinteresadas así como el modo en que personas e instituciones buscan negociar y conciliar imperativos morales contrapuestos.

Siempre pienso que los estudiantes de doctorado son una expresión depurada de las prácticas de sus mayores y que sus dificultades ilustran aquello que a sus directores les cuesta resolver. Y he aquí entonces aquello que juzgo un desafío para nuestra especialidad y para nuestra producción en el Cono Sur. La mayor parte de los trabajos de Puerto Alegre se inspiraban de la producción académica de los países centrales como referentes teóricos de sus análisis. Como demostró Gabriel Abend en su investigación sobre los usos de la teoría en México y en los Estados Unidos[v], los modos que tenemos de emplear la teoría en América Latina se asemejan más a las notas eruditas de color que a la puesta a prueba de ciertos paradigmas y conceptos. Se trata, sin duda, de un modo legítimo y hasta heurístico de apropiarnos de la producción intelectual importada. No obstante, a esta altura, me parece que en una pena seguir replicando esos hábitos sin mayor reflexividad. En particular, me parece que el principal riesgo es el de obturarnos toda posibilidad de generalización de nuestro hallazgos y de que los mismos sirvan para refutar o complementar el modo en que otros (donde quiera que se encuentren, pero casualmente siempre es en el Norte) miran sus sociedades o las nuestras.

Este riesgo no se distribuye por igual entre todas las disciplinas sino que da cuenta de una distinción clara inaugurada por la crisis del estructuralismo. En la nueva división de roles, pareciera que a la economía y a la ciencia política le toca la generalización de sus hallazgos y la construcción de modelos explicativos y a la sociología y la antropología le toca la descripción minuciosa de la realidad observada y el reflejo de la experiencia y la subjetividad de sus sujetos de estudio. De ahí que nuestros encuentros suelan estar en la intersección entre la economía y la política y que nos cueste tanto definir qué significa que la sociología y la antropología se jueguen en la conjunción (y) que articula?, subyace? cuestiona? a estas dos dimensiones o miradas disciplinarias. ¿Qué de antropológico/cultural hay en los mercados y las políticas públicas? ¿Qué de sociológico/social se observa en la construcción de la economía y el Estado?[vi] Creo que animarnos a precisar ese terreno que parece ser el nuestro sería un camino interesante para perseverar en nuestro diálogo y volver a darle a la cultura y a la sociedad una importancia que muchas veces, desde los discursos dominantes en la economía y la política, se les niega.

Mariana Heredia

Notas

[i] Para los detalles del programa: http://www.ufrgs.br/ppgas/portal/index.php/pt/ y del encuentro:  http://nupecsufrgs.wix.com/evento-

[ii] Para una excelente crónica de este proceso de regionalización y disputa entre las grandes instituciones en ciencias sociales del continente, ver: Beigel, María Fernanda (2012): The Politics of Academic Autonomy in Latin America, Farnham, Ashgate.

[iii] Sobre el desmantelamiento de las universidades en Argentina, Chile y Uruguay durante la dictadura y la singularidad de Brasil en este proceso, puede consultarse la obra de referencia: Brunner José Joaquín & Alicia, Barrios (1987): Inquisición, mercado y filantropía, Chile, FLACSO.

[iv] Wagner, Peter (2006) : “Formes d’Etat et formes de savoir social. Traditions nationales et pluralité d’interprétations de la modernité”, en Zimmermann, Bénédicte (dir.) : Les sciences sociales à l’épreuve de l’action. Le savant, le politique et l’Europe. Paris, Editions de la MSH-CIERA, pp. 55-87.

[v] Abend, Gabriel (2012): “Estilos de pensamiento sociológico: sociologías, epistemologías y la búsqueda de la verdad en México y Estados Unidos”, en Bencecry, Claudio (comp.): Hacia una nueva sociología cultural. Mapas, dramas, actos y prácticas, Buenos Aires, Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes.

[vi] Con Alexander Roig intentamos avanzar en la definición de sociología que podía deducirse de la sociología económica francesa. Al respecto: Heredia, Mariana y Alexander, Roig (2008): “¿Franceses contra anglosajones? La problemática recepción de la sociología económica en Francia”, Apuntes de Investigación del CECYP, Buenos Aires, nro. 14, pp. 221-228, disponible en http://www.apuntescecyp.com.ar/index.php/apuntes/issue/view/17

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