Sociedad de mercado: Tensiones y desafíos de integración y cohesión social

[Autor: Guillermo Wormald].

La literatura institucional ha señalado la importancia que tienen los mercados como instituciones de coordinación social. Sin embargo, en el caso de la sociedad chilena, el desarrollo de arreglos institucionales favorable para el surgimiento y consolidación de una economía de mercado por más de cuatro décadas, ha generado un profundo proceso de trasformación; no sólo en sus formas de coordinación e integración a las oportunidades de vida y bienestar social, sino también en sus formas de convivencia y valoración social. La sociedad chilena ha devenido en una sociedad de mercado (Slater y Tonkiss, 2001). A partir de los datos contenidos en dos publicaciones recientes[1], este post discute algunas de las consecuencias de estas transformaciones en términos de las nuevas tensiones y desafíos de integración y cohesión social.

Los datos contenidos en estos estudios señalan que los diversos estratos socioeconómicos urbanos – especialmente estratos medios y bajos-  tienen una actitud y disposición favorable al contacto con otros de condición social diferente, bajo ciertas condiciones de normatividad (i.e. normas de convivencia) así como también, tipo de espacio en el que ocurra este encuentro (i.e. barrio, escuela, trabajo o espacios públicos). En general, se han multiplicado los escalones entre los grupos más altos y los más bajos, generando una graduación más fina de la escala social, y un alejamiento respecto de lo adscrito como elemento de estratificación. De esta forma, la relación tradicionalmente vertical con los otros, se transforma incorporando nuevas valoraciones sociales más propias de un nuevo “ethos” ciudadano. En este contexto, las nociones de mérito y esfuerzo cobran fuerza como elementos de legitimidad de las diferencias, situándose como valores sociales centrales en la producción de sentimientos cohesivos en un marco de desigualdad. Las descripciones propias y de los otros comienzan a construirse en términos de estilos de vida y costumbres sin necesariamente replicar distinciones socioeconómicas. Este elemento profundiza la complejidad de la diferenciación social porque personas del mismo nivel de ingresos pueden ser comprendidas como diferentes en el marco de estos diversos estilos de vida. De los límites materiales, se transita hacia límites simbólicos de los cuales no existe claridad cuan permeables son para generar identificación y distinción entre los grupos sociales.

Las transformaciones materiales y de calidad de vida se producen en paralelo al cambio en los marcos valorativos. Así, por una parte, el mejoramiento en lo material que las familias han conseguido en estas décadas ya no parece suficiente, y se desarrollan nuevas expectativas de integración, reconocimiento y movilidad que son las que generan tensión; por otra parte, la clase media comienza a constituir su identidad en torno a su propia posición, con menos referencias a las imágenes de la clase alta. Lo material y lo simbólico están en continua retroalimentación. Todo lo anterior, no sólo ha transformado la vida cotidiana de las familias de clase media en Chile, sino que también va dando lugar a transformaciones sociales a nivel agregado. Los niveles de endeudamiento, los movimientos sociales – en buena parte constituidos por grupos de clase media vulnerable- demandan mayor protección y recursos del Estado. Sin embargo, lejos de sepultar el actual modelo de acumulación, estas reivindicaciones apuntan a generar mecanismos de inclusión que sean efectivos pero sin alterar las  valoraciones propias de la sociedad de mercado; es decir, se sigue poniendo énfasis en el mérito y esfuerzo propio, pero se considera pertinente generar modificaciones a las estructuras de oportunidades que permitan redistribuir de manera más equitativa las oportunidades de acuerdo al mérito.

Estos cambios en las estrategias y formas de valoración de los sujetos de clase media se dan, además, en un contexto de profundas transformaciones de los espacios en que transcurre su vida cotidiana. Si bien en muchos espacios se ha profundizado la segmentación social (como, por ejemplo, en la escuela); en otros, se han ido generando indicios de heterogeneidad (como el surgimiento de barrios cerrados en comunas populares, en la democratización del metro, y especialmente, en espacios recreativos como el mall). En este sentido, no sólo han cambiado los arreglos institucionales y, consecuentemente, las familias sus estrategias y sus valoraciones, sino que también las características de la ciudad en que éstas se desenvuelven diariamente también han cambiado drásticamente. La ciudad en si misma es más dinámica en sus procesos y esto abre y cierra oportunidades para relacionarse con personas diferentes.En algunos de estos espacios hay una amplia aceptación y hasta valoración de la diversidad, mientras que en otros, se refuerzan las distinciones sociales y se prefiere la homogeneidad. Esta contradicción aparente puede deberse a varios elementos: al nivel de normatividad de los espacios (que aseguren una convivencia sin que el otro se vuelva un problema o una amenaza), a la importancia relativa de cada espacio en términos de las estrategias de acumulación de activos de las familias, o bien, a la escala en que se produce la mayor o menor heterogeneidad.

En este marco, si bien es evidente tanto la existencia de tensiones estructurales que afectan de forma importante la vida cotidiana de las clases medias, no es del todo claro la forma en que estas transformaciones son experimentadas por los hogares de clase media, ni los criterios con los que toman decisiones respecto de su propia vida y estrategias de inclusión, como respecto de las formas de relación con los otros. En la práctica, desconocemos si la profundización del modelo de sociedad de mercado ha llevado a una mayor sensación de inclusión (en el bienestar), o a sentimientos de exclusión (de los fines deseados), y tampoco sabemos con claridad los criterios que utilizan como formas de identificación y distinción respecto de los demás grupos sociales, especialmente cuando la evidencia nos señala que estos son más bien flexibles, dependiendo de los espacios, escalas y la forma en que los distintos estratos gestionan su portafolio de recursos e identidades sociales.

Ahora bien, si miramos estos fenómenos de integración y cohesión social desde la realidad del trabajo, podemos observar un fenómeno de precarización de las formas de trabajo que afecta la integración al bienestar y la generación de vínculos estables de un contingente no despreciable de trabajadores de baja calificación; todo lo cual, disminuye la capacidad de integración y sentido de pertenencia social a partir del trabajo. Sin embargo, la contracara de esta experiencia fragmentada de integración social es la creciente importancia y valoración que le asignan los propios trabajadores –independiente de su condición de calificación- al trabajo y al ‘trabajo esforzado’ como fundamento del reconocimiento del otro. En este sentido el trabajo adquiere centralidad como un valor cohesivo en la nueva sociedad de mercado y se produce una disociación entre el rol que él juega como agencia de integración y la valoración común que permite reconocerse con otros en tanto trabajadores que se esfuerzan por salir adelante mediante el trabajo.

Adicionalmente, nuestros datos señalan que la mayoría de los trabajadores urbanos acceden a empleos dependientes y relativamente estables. Esto les permite potenciar sus vínculos con otros trabajadores similares a ellos llegando a establecer con algunos vínculos de amistad que trascienden la esfera del trabajo. De esta manera, no obstante los mayores grados de flexibilidad existentes en el mercado de trabajo, especialmente para los jóvenes y las mujeres, el lugar de trabajo sigue siendo un espacio de encuentro y sociabilidad para aquellos que logran insertarse mediante un contrato de trabajo, en una jornada completa y con una cierta estabilidad. Lo interesante es que ellos conforman un porcentaje significativo de la fuerza de trabajo urbana más calificada. Para ellos el mundo del trabajo mantiene su centralidad como fundamento cohesivo, si bien con aristas diferentes a las antiguas formas asociativas. Algo similar ha encontrado Stecher (2013 ) en su estudio con los trabajadores del retail.

Por último, hemos destacado que el trabajo sigue siendo un espacio fundamental para la generación de vínculos y relaciones sociales entre los trabajadores, al tiempo que gana en importancia como un valor de cohesión social. Queda planteado hasta dónde la segmentación del mercado de trabajo que aparece en los datos analizados se transforma en un estímulo cohesivo entre iguales y, en este sentido, se debilita como espacio de encuentro y cohesión con un otro diferente que es el desafío cohesivo permanente de las sociedades modernas.

En suma, en el marco de una sociedad de mercado crecientemente globalizada -como la que se ha venido desarrollando en Chile durante las últimas décadas- los procesos de flexibilización y segmentación de las oportunidades de empleo, así como también los crecientes procesos de individualización de los trabajadores tienden a debilitar la cohesión social entre ellos. Sin embargo, la contracara ha sido un robustecimiento de ella fundada en una revalorización del trabajo como espacio de sociabilidad entre los trabajadores y como un valor social ampliamente compartido. Esta revalorización es especialmente relevante en el espacio urbano de una sociedad como la nuestra que se constituye como una sociedad de clase media cohesionada en torno al valor del trabajo y del trabajo duro en particular. Asimismo, esta nueva sociedad de mercado potencia formas de valoración social que tienen un efecto cohesivo fundado en una disposición favorable al encuentro y contacto con otros y una valoración de la diversidad que representa la vida urbana. De esta manera, nuestro estudio sugiere la necesidad de profundizar en las consecuencias que está teniendo el desarrollo de la nueva sociedad de mercado sobre las estructuras de integración y cohesión social, más allá de las lógicas individuales de consumo, competencia  y movilidad social alentadas por el mercado como fundamento de coordinación social.

Guillermo Wormald

Referencias 

Slater, Don y Tonkiss, Fran (2001), “Market Society”, Blackwell Publishers, U.K.

Stecher, Antonio (2013), “La modernización de la industria del retail: reorganización empresarial y experiencias laborales”. En José Ossandón y Eugenio Tironi (editores) “Adaptación. La empresa chilena después de Friedman”, Universidad Diego Portales, Santiago, Chile.

Notas

[1] Ambas publicaciones contienen resultados de un trabajo de investigación financiado por CONICYT en el marco del concurso Bicentenario de los proyectos anillos en ciencias sociales. Ver, Francisco Sabatini, Guillermo Wormald, Alejandra Rasse y M Paz Trebilcock “Cultura de Cohesión e Integración Social en Ciudades Chilenas” Colección Estudios Urbanos UC, Santiago, Chile. 2013. Asimismo, Guillermo Wormald y M. Paz Trebilcock “Trabajo y cohesión social en el ámbito urbano: tensiones y desafíos en la sociedad de mercado chilena”. Revista IdeAs, Institut de Ameriques, Francia (En prensa).

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